J. M. Bergoglio sulla poesia: ha dimora di carne e peso di ali non ancora spiegate in volo

2014_03_27_18_06_19Il 19 settembre 2016 è morto p. Osvaldo Pol, gesuita argentino e poeta.

L’allora rettore del Colegio Máximo San José era p. Jorge Mario Bergoglio. Fu lui a scrivere una prefazione breve a una raccolta di sue poesie dal titolo De destierros y moradas.

In questo breve intervento il futuro Papa Francesco, ispirato dalla poesia del confratello, dà una definizione della parola poetica che colpisce per densità.

— Qui è riprodotto il testo di p. Bergoglio tradotto in italiano, a seguire l’originale e quindi alcune poesie di Osvaldo Pol.

PREFAZIONE DI P. JORGE MARIO BERGOGLIO
Padre Osvaldo Pol, gesuita, ex alunno e oggi professore, ha scritto quasi tutti questi sonetti qui, a casa sua. Alcuni sono già stati pubblicati, altri appaiono per la prima volta.

Le facoltà di Filosofia e Teologia sono liete di presentare questo libro di sonetti dove, in linguaggio poetico, si esprime la sapienza teologica, che è il frutto più apprezzato dalla Compagnia di Gesù nel suo impegno accademico.

Può sembrare paradossale che un poeta parli, con linguaggio della terra, di esiliati dalla terra. Può sembrare paradossale ma non lo è, perché la parola poetica ha dimore di carne nel cuore dell’uomo e – al tempo stesso – sente il peso di ali che ancora non hanno spiccato il volo. Arduo dilemma, questo, che santa Teresa esprime poeticamente e misticamente: “Com’è duro quest’esilio!”.

San Miguel, 20 giugno 1981, nel cinquantenario del Colegio Máximo San José

Jorge Mario Bergoglio, S.I.

Rettore

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PROLOGO DEL P. JORGE MARIO BERGOGLIO

El Padre Osvaldo Pol, jesuita, ex-alumno y actual profesor, escribió casi todos estos sonetos en esta, su casa. Algunos fueron ya publicados, otros aparecen por primera vez.

Las Facultades de Filosofía y Teología se alegran en presentar este libro de sonetos donde, en lenguaje poético, se expresa la sabiduría teológica, que es el fruto más valorado por la Compañía de Jesús en su esfuerzo académico.

Parece paradójico que un poeta hable, con lenguaje de la tierra, de destierros. Parece paradójico pero no lo es, porque la palabra poética tiene moradas de carne en el corazón del hombre y -a la vez- siente la pesantez de una alas que todavía no han remontado su vuelo. Trabajoso dilema éste que expresa mística y poéticamente Santa Teresa: «qué duros estos destierros!»

San Miguel, 20 de junio de 1981, en el cincuentenario del Colegio Máximo de San José

Jorge Mario Bergoglio, S. J.

Rector

PREFACE OF FR. JORGE MARIO BERGOGLIO

Father Osvaldo Pol, Jesuit, former student and today professor, has written almost all these sonnets here, at his home.  Some are already published, others appear for the first time.

The faculty of Philosophy and Theology are pleased to present this book of sonnets where, in poetic language, theological wisdom is expressed, which is the fruit most appreciated by the Society of Jesus in his academic commitment.

It can seem paradoxical that a poet speaks, with the language of the land, of the exiles of the land.  It can seem paradoxical but it is not, because the poetic word has dwellings of flesh in the heart of man and—at the same time—it feels the weight of wings that have not yet taken flight.  Arduous dilemma, this, that St Therese expressed poetically and mystically: «How hard is this exile!»

San Miguel, June 20, 1981, the fiftieth anniversary of the Colegio Máximo San José

Jorge Mario Bergoglio, S. J.

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POESIE DI OSVALDO POL

Sólo una muerte. Sólo una vida

Sólo una muerte para tanta vida.
Sólo una noche sosegada y larga
para abarcar los días con su carga
de ansiedad y memoria sostenida.

Nos bastará una sola muerte erguida
sobre la luz que envuelve y aletarga.
Sólo una muerte aséptica y amarga
para esta fiebre que cabalga henchida,

para esta libertad irrefrenable,
para esta guerra a que la sangre llama,
para este ardido viaje de la suerte,

para este grito tenso, inabarcable,
para este hambre que devora y clama…
Sólo una vida para tanta muerte.
La vida, la vida es

¿Por dónde puede la mañana asirse
y describir su vuelo la esperanza?
¿Por qué caminos la inquietud alcanza
la patria de la paz donde abatirse?

Sueñan los sueños cómo al viento unirse
y arribar a una lenta playa mansa.
La fiebre se hace fuego y no descansa
empujando la sangre hasta esparcirse.

Y la vida, la vida es este abrirse
hacia lo otro dolorosamente.
Es golpear en las puertas hasta herirse.

Es saber que la muerte torpemente
querrá cercarnos. Y a la vez sentirse
vivos por siempre, empecinadamente.

 

La experiencia

La experiencia
Consiste
en intentar que el pájaro regrese
desde el extremo opuesto de la noche
y pose su cansancio
sobre tu abierto pecho adolescente.

Lo tomas en tus manos,
lo acaricias,
extraes de sus alas todo el viento
y mientras él se entrega a lo innombrable
tú te dejas volar.

Es fácil la experiencia.
Lo difícil
es dar con el momento
que te permita asesinar al pájaro
sin morir a su lado de tristeza.

 

Saber perder… es la sabiduría?

Decir adiós un día y otro día…
Dar por perdido lo que fué logrado.
Sentir que el verbo amar nos ha mostrado,
el corazón de la melancolía…

Ya no será lo mismo la alegría,
para siempre, sabremos que a su lado,
hay una sombra, un tiempo demarcado…
una puerta cerrada a la porfía.

Y no debe importar,
a lo acabado, le quedan mil comienzos todavía…
Aunque oscuro y desolado ande el sol…

Decir adios, negarse a la osadía
de pretender lo que nos fue negado…
Saber perder es la sabiduría.

 

Dios calla

Pudo sernos dolor y fue alegría.
Final… y fue comienzo y alborada.
Porque a veces se da… y frente a la nada
La plenitud nos crece como un día

Que no va hacia la noche y su acabada
Sombra tenaz, amenazante y fría,
Sino día que esgrime la osadía
De ser luz, sólo luz empecinada.

Pudo sernos aquello que temía
El corazón cuando agotado estalla
En la desesperanza y la agonía
Que lo aleja de Dios… Pero Dios calla
Para decirnos más. Y se extasía
Feliz el corazón tras su muralla.

 

Oración

Sentir que el vuelo encuentra su sentido
dejando lejos la inquietud que ha abierto
tanto indagar la noche en el incierto
ir y venir del corazón dolido.
Dejar que el alma se remanse. Henchido
abrir el pecho hacia el seguro puerto.
Y sembrarme a la sombra de ese huerto
que para mí tan solo ha florecido.
Tocar a Dios. Sentirme de Él tocado.
Y comprender entonces boquiabierto
el por qué y para qué de mi latido.
Y descubrir que el vuelo se ha trocado
en un vuelo más alto. Y que el desierto
era el solo refugio apetecido.

 

 

——

Los años van simplificando el caos.
Antes las cosas divagaban
de uno al otro extremo de mi cuarto.
Ni mías ni de sí mismas.
Ahora están afincándose seguras
aquí y allá
con recatados títulos y razones discretas,
apropiándose puestos y lugares,
imponiéndome su orden
y su método.
¿Será parte de la vida esta manera nueva
en que las cosas
van dictándome pautas de respeto,
sacralidades que antes no percibía,
grietas de donde viene la luz
y me reclaman?
¿O no será que llega
la hora de las despedidas?
Los libros, los retratos y las lámparas
que creí dominar
hoy me poseen.
La maravilla es que estoy a gusto.

 

***
Un ringraziamento a Emmanuel Sicre SJ che mi ha fatto conoscere la poesia di p. Pol 
Un ringraziamento a Giuseppe Romano per la traduzione in italiano
Un ringraziamento a Reyanna Rice per la traduzione in inglese

 

Benedetto XVI, teologo della comunicazione digitale

Benedetto XVI è certamente un «Papa teologo». Tra gli aspetti che saranno da indagare in un futuro studio del suo magistero  è quello legato alla TEOLOGIA DELLA COMUNICAZIONE. Da Pontefice infatti: 1) ha capito la portata dello sviliuppo della cultura digitale 2) ne ha evidenziato i rischi gravissimi 3) ma ne ha anche intuito le enormi potenzialità.

Rileggendo attentamente e di seguito i testi del magistero di Benedetto XVI sul tema della comunicazione si scoprirebbero delle intuizioni e un programma di riflessione. Si scoprirebbe, tra l’altro, una lucidità di impostazione che offre i lineamenti di una «teologia della comunicazione» adatta ai nostri giorni. Propongo qui alla meditazione attenza il discorso che Bendetto XVI ha tenuto alla Plenaria del Pontificio Consiglio delle Comunicazioni Sociali il 28 febbraio 2011 che illustra con le sfide principali che la cultura digitale pone alla teologia.

Qui è possibile ASCOLTARE in streaming  il discorso del Papa che qui sotto trascrivo integralmente.

Cari Fratelli e Sorelle, sono lieto di accogliervi in occasione della Plenaria del Dicastero. Saluto il Presidente, Mons. Claudio Maria Celli, che ringrazio per le cortesi parole, i Segretari, gli Officiali, i Consultori e tutto il Personale.

Nel Messaggio per la Giornata Mondiale delle Comunicazioni Sociali di quest’anno, ho invitato a riflettere sul fatto che le nuove tecnologie non solamente cambiano il modo di comunicare, ma stanno operando una vasta trasformazione culturale. Si va sviluppando un nuovo modo di apprendere e di pensare, con inedite opportunità di stabilire relazioni e costruire comunione. Vorrei adesso soffermarmi sul fatto che il pensiero e la relazione avvengono sempre nella modalità del linguaggio, inteso naturalmente in senso lato, non solo verbale. Il linguaggio non è un semplice rivestimento intercambiabile e provvisorio di concetti, ma il contesto vivente e pulsante nel quale i pensieri, le inquietudini e i progetti degli uomini nascono alla coscienza e vengono plasmati in gesti, simboli e parole. L’uomo, dunque, non solo «usa» ma, in certo senso, «abita» il linguaggio. In particolare oggi, quelle che il Concilio Vaticano II ha definito «meravigliose invenzioni tecniche» (Inter mirifica, 1) stanno trasformando l’ambiente culturale, e questo richiede un’attenzione specifica ai linguaggi che in esso si sviluppano. Le nuove tecnologie «hanno la capacità di pesare non solo sulle modalità, ma anche sui contenuti del pensiero» (Aetatis novae, 4).

I nuovi linguaggi che si sviluppano nella comunicazione digitale determinano, tra l’altro, una capacità più intuitiva ed emotiva che analitica, orientano verso una diversa organizzazione logica del pensiero e del rapporto con la realtà, privilegiano spesso l’immagine e i collegamenti ipertestuali. La tradizionale distinzione netta tra linguaggio scritto e orale, poi, sembra sfumarsi a favore di una comunicazione scritta che prende la forma e l’immediatezza dell’oralità. Le dinamiche proprie delle «reti partecipative», richiedono inoltre che la persona sia coinvolta in ciò che comunica. Quando le persone si scambiano informazioni, stanno già condividendo se stesse e la loro visione del mondo: diventano «testimoni» di ciò che dà senso alla loro esistenza. I rischi che si corrono, certo, sono sotto gli occhi di tutti: la perdita dell’interiorità, la superficialità nel vivere le relazioni, la fuga nell’emotività, il prevalere dell’opinione più convincente rispetto al desiderio di verità. E tuttavia essi sono la conseguenza di un’incapacità di vivere con pienezza e in maniera autentica il senso delle innovazioni. Ecco perché la riflessione sui linguaggi sviluppati dalle nuove tecnologie è urgente. Il punto di partenza è la stessa Rivelazione, che ci testimonia come Dio abbia comunicato le sue meraviglie proprio nel linguaggio e nell’esperienza reale degli uomini, «secondo la cultura propria di ogni epoca» (Gaudium et spes, 58), fino alla piena manifestazione di sé nel Figlio Incarnato. La fede sempre penetra, arricchisce, esalta e vivifica la cultura, e questa, a sua volta, si fa veicolo della fede, a cui offre il linguaggio per pensarsi ed esprimersi. E’ necessario quindi farsi attenti ascoltatori dei linguaggi degli uomini del nostro tempo, per essere attenti all’opera di Dio nel mondo.

In questo contesto, è importante il lavoro che svolge il Pontificio Consiglio delle Comunicazioni Sociali nell’approfondire la “cultura digitale”, stimolando e sostenendo la riflessione per una maggiore consapevolezza circa le sfide che attendono la comunità ecclesiale e civile. Non si tratta solamente di esprimere il messaggio evangelico nel linguaggio di oggi, ma occorre avere il coraggio di pensare in modo più profondo, come è avvenuto in altre epoche, il rapporto tra la fede, la vita della Chiesa e i mutamenti che l’uomo sta vivendo. E’ l’impegno di aiutare quanti hanno responsabilità nella Chiesa ad essere in grado di capire, interpretare e parlare il «nuovo linguaggio» dei media in funzione pastorale (cfr Aetatis novae, 2), in dialogo con il mondo contemporaneo, domandandosi: quali sfide il cosiddetto «pensiero digitale» pone alla fede e alla teologia? Quali domande e richieste?

Il mondo della comunicazione interessa l’intero universo culturale, sociale e spirituale della persona umana. Se i nuovi linguaggi hanno un impatto sul modo di pensare e di vivere, ciò riguarda, in qualche modo, anche il mondo della fede, la sua intelligenza e la sua espressione. La teologia, secondo una classica definizione, è intelligenza della fede, e sappiamo bene come l’intelligenza, intesa come conoscenza riflessa e critica, non sia estranea ai cambiamenti culturali in atto. La cultura digitale pone nuove sfide alla nostra capacità di parlare e di ascoltare un linguaggio simbolico che parli della trascendenza. Gesù stesso nell’annuncio del Regno ha saputo utilizzare elementi della cultura e dell’ambiente del suo tempo: il gregge, i campi, il banchetto, i semi e così via.Oggi siamo chiamati a scoprire, anche nella cultura digitale, simboli e metafore significative per le persone, che possano essere di aiuto nel parlare del Regno di Dio all’uomo contemporaneo.

E’ inoltre da considerare che la comunicazione ai tempi dei «nuovi media» comporta una relazione sempre più stretta e ordinaria tra l’uomo e le macchine,dai computer ai telefoni cellulari, per citare solo i più comuni. Quali saranno gli effetti di questa relazione costante? Già il Papa Paolo VI, riferendosi ai primi progetti di automazione dell’analisi linguistica del testo biblico, indicava una pista di riflessione quando si chiedeva: «Non è cotesto sforzo di infondere in strumenti meccanici il riflesso di funzioni spirituali, che è nobilitato ed innalzato ad un servizio, che tocca il sacro? È lo spirito che è fatto prigioniero della materia, o non è forse la materia, già domata e obbligata ad eseguire leggi dello spirito, che offre allo spirito stesso un sublime ossequio?» (Discorso al Centro di Automazione dell’Aloisianum di Gallarate, 19 giugno 1964). Si intuisce in queste parole il legame profondo con lo spirito a cui la tecnologia è chiamata per vocazione (cfr Enc. Caritas in veritate, 69).

E’ proprio l’appello ai valori spirituali che permetterà di promuovere una comunicazione veramente umana: al di là di ogni facile entusiasmo o scetticismo, sappiamo che essa è una risposta alla chiamata impressa nella nostra natura di esseri creati a immagine e somiglianza del Dio della comunione. Per questo la comunicazione biblica secondo la volontà di Dio è sempre legata al dialogo e alla responsabilità, come testimoniano, ad esempio, le figure di Abramo, Mosè, Giobbe e i Profeti, e mai alla seduzione linguistica, come è invece il caso del serpente, o di incomunicabilità e di violenza come nel caso di Caino. Il contributo dei credenti allora potrà essere di aiuto per lo stesso mondo dei media, aprendo orizzonti di senso e di valore che la cultura digitale non è capace da sola di intravedere e rappresentare.

In conclusione mi piace ricordare, insieme a molte altre figure di comunicatori, quella di padre Matteo Ricci, protagonista dell’annuncio del Vangelo in Cina nell’era moderna, del quale abbiamo celebrato il IV centenario della morte. Nella sua opera di diffusione del messaggio di Cristo ha considerato sempre la persona, il suo contesto culturale e filosofico, i suoi valori, il suo linguaggio, cogliendo tutto ciò che di positivo si trovava nella sua tradizione, e offrendo di animarlo ed elevarlo con la sapienza e la verità di Cristo.

Cari amici, vi ringrazio per il vostro servizio; lo affido alla protezione della Vergine Maria e, nell’assicurarvi la mia preghiera, vi imparto la Benedizione Apostolica.

I TRE PILASTRI DEL MESSAGGIO DEL PAPA PER LA 47a GIORNATA MONDIALE DELLE COMUNICAZIONI SOCIALI (2013) Commento a

Quest’anno il Pontefice nel suo Messaggio per la 47° Giornata Mondiale delle Comunicazioni («Reti Sociali: porte di verità e di fede; nuovi spazi di evangelizzazione») ha raccolto una serie di indicazioni già date nei precedenti messaggi, e puntando su 3 “pilastri” o temi-chiave che sembrano essere ormai le fondamenta della prospettiva ecclesiale sulla comunicazione.

1) L’AMBIENTE DIGITALE È UNO SPAZIO DI ESPERIENZA REALE

Scrive Benedetto XVI che i social networks non devono essere visti dai credenti semplicemente come uno strumento di evangelizzazione. La Rete non è da «usare», ma da abitare perché la vita dell’uomo di oggi si esprime anche nell’ambiente digitale. «L’ambiente digitale – scrive il Papa – non è un mondo parallelo o puramente virtuale, ma è parte della realtà quotidiana di molte persone, specialmente dei più giovani» (corsivo nostro). Lo spazio digitale non è inautentico, alienato, falso o apparente, ma è un’estensione del nostro spazio vitale quotidiano, che richiede «responsabilità e dedizione alla verità». Abitare significa inscrivere i propri significati nello spazio. Ed è proprio questa la sfida: inscrivere i significati e i valori della nostra vita nell’ambiente digitale, e anche capire che cosa la rete ci insegna sul modo di pensare la fede oggi. Siamo chiamati, dunque, a vivere bene sapendo che la Rete è parte del nostro ambiente vitale, e che in essa ormai si sviluppa una parte della nostra capacità di fare esperienza: «sia essa fisica, sia essa digitale», senza fratture o cesure tra le due «realtà», senza schizofrenie.

2) IN RETE SI PENSA INSIEME E SI CONDIVIDE LA RICERCA

Nel suo Messaggio il Papa afferma che lo sviluppo delle reti sta «contribuendo a far emergere una nuova “agorà”, una piazza pubblica e aperta in cui le persone condividono idee, informazioni, opinioni, e dove, inoltre, possono prendere vita nuove relazioni e forme di comunità». Nelle reti sociali gli uomini sono coinvolti – si legge nel Messaggio – «nell’essere stimolati intellettualmente e nel condividere competenze e conoscenze». I networks sociali dunque non solamente aiutano ad esprimere agli altri il proprio pensiero, ma aiutano anche a pensare insieme agli altri, elaborando riflessioni, idee, visioni della realtà. La Rete dunque è un luogo in cui si esprime la ricerca dell’uomo, il suo desiderio di verità e i suoi interrogativi di senso.

3) IN RETE SI VIVE UN COINVOLGIMENTO INTERATTIVO CON LE DOMANDE DEGLI UOMINI 

Il Pontefice indica il rischio più insidioso: quello di conversare soltanto con coloro che già condividono le nostre visioni. E invece – scrive – «dialogo e dibattito possono fiorire e crescere anche quando si conversa e si prendono sul serio coloro che hanno idee diverse dalle nostre». Non si testimonia il Vangelo in Rete limitandosi a inserire contenuti dichiaratamente religiosi sulle piattaforme dei diversi mezzi, chiudendosi alle domande vere e urgenti, ai dubbi e alle sfide degli uomini d’oggi . Al contrario il Papa ribadisce la necessità ad essere disponibili «nel coinvolgerci pazientemente e con rispetto nelle loro domande e nei loro dubbi, nel cammino di ricerca della verità e del significato dell’esistenza umana». Occorre dunque superare la logica degli steccati, delle contrapposizioni, dei gruppi chiusi e autoreferenziali che alla fine paradossalmente la Rete rischia di fomentare. E «il coinvolgimento autentico e interattivo con le domande e i dubbi di coloro che sono lontani dalla fede, ci deve far sentire la necessità di alimentare con la preghiera e la riflessione la nostra fede nella presenza di Dio come pure la nostra carità operosa». Se il Papa ha deciso di unirsi alla conversazione che avviene via Twitter è proprio per esprimere un segno di attiva partecipazione ai dibattiti, alle discussioni e ai dialoghi degli uomini del nostro tempo che oggi sono sempre più veicolati dai network sociali.

– È CHIARO, DUNQUE CHE la riflessione sulla comunicazione che la Chiesa sta portando avanti in questi anni si interroga non su tecniche e modelli, ma sulla vita dell’uomo al tempo in cui l’ambiente digitale ha impatto sulla nostra percezione della realtà, di noi stessi e sulle nostre relazioni.

Ricordiamo  che l’Anno della fede è stato inaugurato da una Lettera Apostolica dal titolo Porta Fidei da cui il Messaggio per la Giornata delle Comunicazioni riprende direttamente la metafora della porta (cfr At 14,27), che identifica la fede e che «introduce alla vita di comunione con Dio e permette l’ingresso nella sua Chiesa». Dunque il Pontefice riconosce che nel mondo digitale si può discernere una «porta di fede». Si tratta di un riconoscimento significativo, che farà molto riflettere non solo chi opera nel mondo della comunicazione, ma ogni cristiano che ha un profilo in un social network quali Facebook o Twitter, solamente per citare i più noti.

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Cybertheology: thinking about Christianity in the era of the Net

What I post here is a review of my book Cyberteologia. Pensare il cristianesimo ai tempi della rete [Cybertheology. Thinking about Christianity in the era of the Net] written by Maria Way (researcher on Media and Religion, London) and published on Communication Research Trends, Vol. 31 (2012) no. 3, pp. 37-41. I consider this review a great introduction to Cybertheology for English speaking people who what to know more about it.

Antonio Spadaro, s.j. is the Editor of La Civiltà Cattolica, the sometimes controversial Jesuit journal. Here, he attempts to address what he sees as a lacuna in literature on the internet: the relationship between the internet and theology. He considers that theology is, according to a ‘classical’ (although there is no designation of its origin) definition: ‘..intelligence of the faith, and we know well how intelligence, understood as critical and reflexive knowledge, is not extraneous to cultural changes that are underway.’(p.11, all translations are mine). This book’s genesis was a request that he speak on internet and faith at an Italian Bishops’ Council, Office of Social Communications’ conference on digital witnessing. No doubt he was asked because of a number of articles he had written in Civiltà Cattolica and his two previous books: Connessioni: Nuove forme della cultura (Connections: New Forms of Culture) (2006) and Web 2.0: Reti di relazione. (Web 2.0: Webs of relationships) (2010).

Spadaro notes that this request had him at a disadvantage, since the Bishops neither wanted a discussion of internet mechanisms used, nor something on the sociology of web religiosity, since neither seemed individually sufficient. This realization caused something that all of us who write will recognize: he sat in front of a blank screen, not knowing where to start, knowing only that he would have to write something on the topic’s theology when the internet’s logic is a sign of the way we now think, understand, communicate and, indeed, live. This viewpoint is easy to hold in countries where internet penetration is high (the Italian government embarked on a project to wire Italy completely some years ago), but perhaps less easy in countries with low penetration. His exploratory territory was, he believes, ‘still wild, little occupied…’(p.6). He felt he needed to explain the phenomenon from a systematic theology viewpoint, thus having two questions:

What impact has the net had on the way we understand the Church and the ecclesial communion?

What impact has it had on the ways in which we think about Revelation, grace, liturgy, the sacraments and classical theological themes?

The talk was a first step towards answering these questions, answers he is still working to supply. He began, as anyone working from a Catholic viewpoint would, by looking at Church documents on communication, specifically mentioning Benedict XVI’s 2011 talk to the Pontifical Council for Social Communication in which he mentioned Aetatis Novae (At the Dawn of a New Age) (1992). Spadaro notes (p.7) that:

‘if Christians reflect on the net, it is not only to learn to use it well, but because they are called to help humanity and to understand the profound significance of the web itself in God’s project, not as an instrument to use, but as an ambience to inhabit’.

On p.11, he quotes John Paul II’s 2005 apostolic letter ‘Rapid Development’ (n.10):

‘ [The Church] .. alerts [us] to the need to offer its own contribution for a better comprehension of the perspectives and responsibilities connected to present developments in social communications’

We often forget that the Catholic Church has used the available means of communication for its main purpose – evangelization – since it began. Electronic communication methods are just another of these means. Spadaro says he is neither sociologist, nor technician, but trained in theology, philosophy and literature. He believes that this formation has informed his views and interests on the web. Amongst influences mentioned are Marshall McLuhan, Gerard Manley Hopkins, Flannery O’Connor, Walt Whitman, St. Thomas Acquinas, T.S.Elliott, Teilhard de Chardin and one Karol Wojtyla, He also notes the encouragement of Mons. Claudio Celli, President of the Pontifical Council for Social Communications (PCCS) and Cardinal Gianfranco Ravasi of the Pontifical Council for Culture (PCC).

To develop the project further he opened his blog ‘Cyberteologia’ on January 1st, 2011, then his Leggi tutto “Cybertheology: thinking about Christianity in the era of the Net”

Teologia del comunicare

Questo testo che qui riporto è tratto dall’ultimo volume del cardinale Carlo Maria Martini, edito da Mondadori, che s’intitola «Colti da stupore. Incontri con Gesù» (pagine 188, euro 16,00). Presenta alcune riflessioni inedite sui Vangeli, incentrate sulla figura di Gesù: si tratta di una serie di omelie, mai pubblicate, che il cardinal Martini ha tenuto negli ultimi anni a Gallarate. Il volume, curato da Damiano Modena, raccoglie, seguendo il calendario liturgico, quegli interventi che compongono così un racconto della vita di Cristo, offrendo un messaggio non solo filosofico e teologico ma centrato sui valori più profondi e sugli atteggiamenti “più umani” della vita. 

Solitamente si dà della comunicazione una definizione empirica: comunicare è «dire qualcosa a qualcuno». Dove quel «qualcosa» si può allargare a livello planetario, attraverso il grande mondo della rete che è andato ad aggiungersi ai mezzi di comunicazione classici. Anche quel «qualcuno» ha subìto una crescita sul piano globale, al punto che gli uditori o i fruitori del messaggio in tempo reale non si possono nemmeno più calcolare. Questa concezione empirica, alla luce dell’odierno allargamento di prospettive, dove sempre più si comunica senza vedere il volto dell’altro, ha fatto emergere con chiarezza il problema maggiore della comunicazione, ossia il suo avvenire spesso solo esteriormente, mantenendosi sul piano delle nude informazioni, senza che colui che comunica e colui che riceve la comunicazione vi siano implicati più di tanto.

Per questo vorrei tentare di dare della comunicazione una descrizione «teologica», che parta cioè dal comunicarsi di Dio agli uomini, e lo vorrei fare enunciando qui alcune riflessioni che potrebbero servire per una nuova descrizione del fenomeno.

Nel sepolcro di Gesù, la notte di Pasqua, si compie il gesto di comunicazione più radicale di tutta la storia dell’umanità. Lo Spirito Santo, vivificando Gesù risorto, comunica al suo corpo la potenza stessa di Dio. Comunicandosi a Gesù, lo Spirito si comunica all’umanità intera e apre la via a ogni comunicazione autentica. Autentica perché comporta il dono di sé, superando così l’ambiguità della comunicazione umana in cui non si sa mai fino a che punto siano implicati soggetto e oggetto.

La comunicazione sarà dunque anzitutto quella che il Padre fa di sé a Gesù, poi quella che Dio fa a ogni uomo e donna, quindi quella che noi ci facciamo reciprocamente sul modello di questa comunicazione divina. Lo Spirito Santo, che riceviamo grazie alla morte e resurrezione di Gesù e che ci fa vivere a imitazione di Gesù stesso, presiede in noi allo spirito di comunicazione. Egli pone in noi caratteristiche, quali la dedizione e l’amore per l’altro, che ci richiamano quelle del Verbo incarnato. Di qui potremmo dedurre alcune conclusioni su ogni nostro rapporto comunicativo.

Primo. Ogni nostra comunicazione ha alla radice la grande comunicazione che Dio ha fatto al mondo del suo Figlio Gesù e dello Spirito Santo, attraverso la vita, morte e resurrezione di Gesù e la vita di Gesù stesso nella Chiesa. Si capisce perciò come i Libri sacri, che in sostanza parlano di questa comunicazione, siano opere di grande valore per la storia del pensiero umano. È vero che anche i libri di altre religioni possono essere ricchi di contenuto, ma questo è dovuto al fatto che sottostà a essi il dato fondamentale di Dio che si dona all’uomo.

Secondo. Ogni comunicazione deve tenere presente come fondante la grande comunicazione di Dio, capace di dare il ritmo e la misura giusti a ogni gesto comunicativo. Ne consegue che un gesto sarà tanto più comunicativo quanto non solo comunicherà informazioni, ma metterà in rapporto le persone. Ecco perché la comunicazione di una verità astratta, anche nella catechesi, appare carente rispetto alla piena comunicazione che si radica nel dono di Dio all’uomo.

Terzo. Ogni menzogna è un rifiuto di questa comunicazione. Quando ci affidiamo con coraggio all’imitazione di Gesù, sappiamo di essere anche veri e autentici. Quando ci distacchiamo da questo spirito, diveniamo opachi e non comunicanti.

Quarto. Anche la comunicazione nelle famiglie e nei gruppi dipende da questo modello. Essa non è soltanto trasmissione di ordini o proposta di regolamenti ma suppone una dedizione, un cuore che si dona e che quindi è capace di muovere il cuore degli altri.

Quinto. Anche la comunicazione nella Chiesa obbedisce a queste leggi. Essa non trasmette solo ordini e precetti, proibizioni o divieti. È scambio dei cuori nella grazia dello Spirito Santo. Perciò le sue caratteristiche sono la mutua fiducia, la parresia, la comprensione dell’altro, la misericordia.

Cyberteologia. Intervista di Fabio Colagrande per la Radio Vaticana

Cliccare qui per l’intervista AUDIO  (durata: 26 minuti ca.)

“Oggi la grande sfida per la Chiesa non è imparare a usare il web per evangelizzare, ma vivere e pensare bene – anche la fede – al tempo della rete”. E’ il punto di partenza del saggio “Cyberteologia” (Ed. Vita &Pensiero), appena pubblicato da Antonio Spadaro sj, direttore della rivista La Civiltà Cattolica. “Oggi, grazie agli smart-phone e ai tablet, la nostra vita è sempre ‘on-line’ e la rete cambia il nostro modo di pensare e comprendere la realtà. Perciò, mi chiedo, come cambia la ricerca di Dio al tempo dei motori di ricerca? Chi è il mio prossimo all’epoca del web? Sono possibili la liturgia e i sacramenti sulla rete? ”.

Secondo p. Spadaro, sostenitore della spiritualità della tecnologia, “proprio nella rete Cristo chiama l’umanità ad essere più unita e connessa”. E questa concezione dei mezzi di comunicazione appartiene alla tradizione della Chiesa. “Quando nel 1931 Pio XI benedisse, in latino, i macchinari della Radio Vaticana – ricorda Spadaro – sottolineò che comunicare le parole apostoliche ai popoli lontani, attraverso l’etere, era un modo per essere uniti a Dio in un’unica famiglia”. Un’intuizione profonda, per l’epoca, che vedeva nella tecnologia della radio non un modo per trasmettere contenuti, fare propaganda, ma un mezzo per creare relazioni, un’unica grande famiglia di credenti. “Potremmo quasi dire – aggiunge Spadaro – che papa Ratti avesse già compreso pienamente la logica dei social networks”.

L’autore prescinde dalle critiche ai social networks, molto frequenti, non solo nel mondo cattolico. “Si tratta di ambienti, in cui si può vivere bene o male – spiega il direttore de La Civiltà Cattolica – dipende dalla qualità delle persone che li frequentano”. “Al di là di ogni considerazione – conclude – va valutato che su Facebook ci sono più di cinquecento milioni di persone, e quindi, soprattutto la Chiesa, non può non esserci. E’ un dato che fa appello alla nostra moralità”. Di fronte al pregiudizo, duro a morire, di una Chiesa nemica del progresso, Spadaro lancia un’ulteriore provocazione: “proprio noi credenti siamo chiamati a dare al mondo un contributo di lettura teologica del fenomeno della rete, far capire le vere potenzialità di questo ambiente (a cura di Fabio Colagrande).

Cliccare QUI per l’intervista AUDIO  (durata: 26 minuti ca.) e QUI per la pagina della Radio Vaticana relativa all’intervista. 

Cyberteologia su “La Stampa”

di Gianluca Nicoletti

La rete è sicuramente qualcosa di più di una tecnologia per trasferire dati tra computer. Nella fase attuale del social network, ancora di più è palese quanto l’essere connessi oramai non possa più considerarsi come un’attività accessoria. Mentre i guru di Internet appassiscono uno dopo l’altro come divinità decadute di antichi culti dimenticati, qualcuno comincia a riflettere sul fatto che la ciò che accade in rete possa coincidere con una dimensione di effettiva esistenza dell’essere umano.

“La rete tende sempre più a diventare trasparente, invisibile, tende esponenzialmente a non essere più “altro” rispetto alla nostra vita quotidiana”. A dire questo è un prete gesuita che da anni vive la rete come profonda e stimolante occasione di osservare l’umanità che si muove in quella terra riflessa. Una regione poco esplorata che ancora molti suoi colleghi guardano, nella migliore delle ipotesi, con sospettosa reticenza.

La “Cyberteologia” è quella branca della metafisica che studia le tracce di assoluto nell’ umanità digitale, quella possibile aspirazione alla trascendenza che è possibile scorgere nelle immense possibilità di combinazioni di pensieri ed espressioni umane che, in ogni istante dell’ inconcreto universo di Internet, si incrociano, sfiorano, entrano in collisione, si fondono per poi disperdersi di nuovo.

A sollecitarci a una riflessione cyberteologica è Antonio Spadaro, direttore della rivista “La Civiltà Cattolica”, docente alla “Pontificia Università Gregoriana e membro importante di varie Pontificie istituzioni. Spadaro ha appena pubblicato “Cyberteologia, pensare il Cristianesimo al tempo della rete” (ed. V&P Vita e Pensiero), summa di tutto il suo viaggiare da anni in Internet come competente e curioso “missionario”.

Spadaro è presente già da tempo in rete con Leggi tutto “Cyberteologia su “La Stampa””

Cyberteologia: l’indice del LIBRO

Ecco di seguito l’indice del libro:

 

  • Premessa 9
  • Internet tra teologia e tecnologia 15 Internet e la vita quotidiana 16 La leggerezza dei dispositivi 17 Una ri-forma mentis 19 La spiritualità della tecnologia 23 Linguaggio informatico e intelligenza della fede 28 Salvare, convertire, giustificare, condividere… 29 Che cos’è la cyberteologia? 32
  • L’uomo decoder e il motore di ricerca di Dio 37 La capacità di ascolto della musica come ambiente 37 Il mixaggio dell’obbedienza 39 Il supermarket della fede 40 L’uomo decoder e i contenuti ‘orbitali’ 41 Il vangelo e le merci 43 La ricerca di senso non è motorizzata 44
  • Corpo mistico e connettivo 49 La rete è un luogo ‘caldo’ 49 Chi è il mio ‘prossimo’? 51 Dov’è il mio ‘prossimo’? 53 Una Chiesa ‘liquida’? 55 Una Chiesa ‘hub’? 57 Tralci di vite o fili di rete? 61 L’apertura di un’«isola di senso» 63 Autorità, gerarchia e network 66 I contenuti passano dentro le relazioni 69
  • Etica hacker e visione cristiana 73 Chi sono gli hacker? 73 Lo sforzo giocoso della creazione 75 Il surplus cognitivo e la questione dell’autorità 78 La cattedrale e il bazar 80 La Rivelazione nel bazar 83 Il dono al tempo della rete: peer-to-peer o face-to-face? 85 Il dono dato gratis 88 Il surplus della grazia e il surplus cognitivo 91
  • Liturgia, sacramenti e presenza virtuale 95 Dal microfono sull’altare alla preghiera dell’avatar 95 Ci sono sacramenti in internet? 97 Il networking è esperienza di comunione? 100 La liturgia e la sua ‘riproducibilità tecnica’ 101 L’evento liturgico: tra presenza virtuale e interfaccia grafica 105 La logica dello schermo 109 Il testo ‘galleggiante’ e la resistenza liturgica 110 Realtà ‘aumentata’ e sacramento 113 I problemi e le sfide: l’uomo in rete desidera pregare 115
  • Le sfide teologiche dell’‘intelligenza collettiva’ 119 Pierre Lévy: come pensare l’‘intelletto collettivo’? 120 «Ciò che fu teologico diventa tecnologico» 121 Pierre Teilhard de Chardin e il cammino verso la noosfera 123 Un sistema nervoso planetario 126 Un «Centro distinto irradiante nel cuore di un sistema di centri» 128 Una rete ‘eucaristica’ 130 Un’intelligenza convergente 132
  • Bibliografia133
  • Indice dei nomi 145

Cyberteologia: IL LIBRO

Cari amici, oggi è uscito Cyberteologia. Pensare la fede al tempo della rete (Milano, Vita e pensiero, 2012, pp. 150, euro 14). Ecco di seguito la presentazione editoriale:

Motori di ricerca, smartphone, applicazioni, social network: le recenti tecnologie digitali sono entrate prepotentemente nella nostra vita quotidiana. Ma non solo come strumenti esterni, da usare per semplificare la comunicazione e il rapporto con il mondo: esse piuttosto disegnano uno spazio antropologico nuovo che sta cambiando il nostro modo di pensare, di conoscere la realtà e di intrattenere le relazioni umane. A questo punto, la domanda che Antonio Spadaro si pone e ci pone è: la rivoluzione digitale tocca in qualche modo la fede? Non si deve forse cominciare a riflettere su come il cristianesimo deve pensarsi e dirsi in questo nuovo paesaggio umano? Forse, egli risponde, è giunto il momento di considerare la possibilità di una ‘cyberteologia’, intesa come intelligenza della fede (intellectus fidei) al tempo della rete. Non si tratta però, semplicemente, di cercare nella rete nuovi strumenti per l’evangelizzazione o di intraprendere una riflessione sociologica sulla religiosità in internet. Si tratta piuttosto – e qui sta la pionieristica novità di Spadaro – di trovare i punti di contatto e di feconda interazione tra la rete e il pensiero cristiano. La logica della rete, con le sue potenti metafore, offre spunti inediti alla nostra capacità di parlare di comunione, di dono, di trascendenza. E, dal canto suo, il pensiero teologico può aiutare l’uomo in rete a trovare nuovi sentieri nel suo cammino verso Dio. È un territorio ancora inesplorato, nel quale Spadaro entra con indiscusso background teologico e grande competenza tecnica, ma soprattutto con spirito di fiducia nella capacità del cristianesimo e della Chiesa di essere presenti là dove l’uomo sviluppa la sua capacità di conoscenza e relazione. La rete è un contesto in cui la fede è chiamata a esprimersi non per una mera ‘volontà di presenza’, ma per una connaturalità del cristianesimo con la vita degli uomini. La sfida, dunque, non è come ‘usare’ bene la rete, ma come ‘vivere’ bene al tempo della rete.

Teologia della canzonetta pop

Prendendo spunto dalla discussa 56a edizione del Festival della canzone italiana di San Remo (2006) su La Civiltà Cattolica pubblicavo una riflessione sul significato e sul ruolo della canzone, seguendo le indicazioni offerte 40 anni or sono da un grande teologo, Karl Rahner. La canzone dovrebbe permettere all’uomo di esprimersi, infrangendo un silenzio che potrebbe soffocarlo. Ma la gente canta ancora? Sarà passata la voglia di cantare? La canzone vive della parola e dei ritmi quotidiani, della profondità della vita dell’uomo comune. È questa la forza e il criterio valutativo della «musica leggera». L’articolo è tratto dal quaderno 3739 del 1° aprile 2006 de La Civiltà Cattolica (Civ. Catt. 2006 II 52-58)

Tra polemiche e giudizi controversi, un mese fa, sabato 4 marzo, si è concluso a San Remo il 56° Festival della Canzone Italiana. I riflettori si sono spenti e non intendiamo certo qui riaccenderli. È interessante però rileggere a freddo le pagine che i quotidiani avevano riservato all’evento. I fattori che hanno dominato i commenti sono legati alla cornice spettacolare: gli ospiti, i costumi, il look, le battute, le barzellette, gli autori, l’audience che sale e scende (e in questo caso pare sia sceso), i big prevedibili, i compensi e i cachet astronomici. Si è commentato San Remo come evento spettacolare, tra gag e melodramma. Ha giustamente commentato il maestro Nicola Piovani: «Il festival, nato dalla radio, negli anni si è trasformato sempre più in una trasmissione televisiva. Un tempo le canzoni, belle o brutte, segnavano un’epoca. Oggi probabilmente il costume lo segnano gli spot pubblicitari, veri protagonisti di queste serate» (1). E il Festival si è trasformato in varietà.

Fa sospirare dunque l’invito del cantante Cesare Cremonini a convocare, in questa gara tra artisti della canzone, «grandi poeti o grandi scrittori a parlare dell’incredibile meraviglia che è la creazione dell’arte, dello spettacolo, dell’intrattenimento, della musica, della scrittura». Sembrano parole che arrivano da un altro mondo. E poi prosegue: «Questo Festival non ha acceso i riflettori sulla musica. Ma non è così grave, sono le radio che lo faranno» (2).

Ha ragione Cremonini: il festival della canzone (e non quello dello spettacolo) inizia soltanto quando si spengono le luci del varietà e si accendono le radio. Restano le canzoni. Allora si potrà valutare, e forse anche riflettere meglio sulla canzone: essa è solamente un genere musicale minore da confinare nello spazio del varietà, privo di qualunque interesse e valore? La domanda se l’era posta circa 40 anni fa anche un grande teologo: Karl Rahner. In queste pagine rievocheremo il suo pensiero in proposito.

La sfida della «musica leggera»

Cominciamo col ricordare che la canzone ha radici antiche. Fin dall’antichità la poesia è stata associata al canto e alla musica per esprimere sia stati d’animo individuali, sia sentimenti collettivi. I greci (e Alceo già nel VI sec. a. C. ce ne dà notizia) nella loro mitologia conoscevano un «cantautore» di nome Orfeo, il quale con le sue note faceva muovere le querce, ammansiva le belve e arrestava il corso dei fiumi. Virgilio si ricorda di Orfeo nelle Georgiche e così Rilke, Dino Campana e tanti altri. Poesia e musica si sono spesso incontrate sulla pagina scritta. Nel corso dei secoli, esse si sono fuse in varie forme: la ballata, la chanson de geste, i «cantari», la canzonetta (componimento amoroso diffuso in varie forme a partire dal XIII secolo), gli strambotti, gli stornelli e così via. Al di là di ogni genere «colto», le testimonianze popolari non si contano. Per l’Italia basti ricordare la «villotta» friulana, il «mottetto» sardo, il «cantamaggio» nelle Langhe e in Toscana, la «villanella» napoletana.

Nel mondo contemporaneo la canzone è diventata una colonna sonora costante della vita di molte persone. La musica popolare (da cui la dizione pop music o semplicemente pop) riesce a evocare, richiamare, amplificare stati d’animo e situazioni emotive. «Oggi la gente sente molta musica, perché può attingerla dalla radio come l’acqua dal rubinetto. Basta girare un bottone»(3), scriveva Rahner. Il grande teologo tedesco, infatti, non ha tralasciato di compiere una breve ma preziosa riflessione sulla canzone, anzi sulla vituperata «canzonetta» (ein kleines Lied). Ogni volta che si apre o si chiude un evento legato alla canzone occorrerebbe confrontarsi con le sue semplici, brevi, ma incisive riflessioni.

Qual è la caratteristica peculiare della canzone? L’uso di un linguaggio comune, ordinario, proprio della vita quotidiana. La canzone vive della vita più ordinaria e delle sue parole, «la saggia parola della vita quotidiana, la parola buona e cordiale in cui ciascuno può esprimere se stesso». Si nutre di essa. Nella canzone l’uso di questa parola può condurre a una maggiore comprensione di sé, commenta Rahner, a tal punto da rimanere stampata nella memoria. La dimensione del canto che non è «grande musica» gli appare talmente importante che scrive: «Si tratta di una canzone di cui […] difficilmente può fare a meno chi vuole essere uomo».

Ecco dunque un criterio di valutazione: l’uso che una canzone fa del linguaggio ordinario. È un uso sciatto, o troppo artificioso, oppure è semplice ma preciso, incisivo, profondo? La «musica leggera» è una grande sfida, certo più impegnativa di quello che appare a uno sguardo superficiale. Essa deve colpire immediatamente e rimanere nella memoria, non volare via subito, magari dopo aver dilettato per un istante l’ascoltatore. Anche un banale ritornello può dunque avere una capacità di penetrazione profonda nell’animo.

Testi «usa e getta»?

Potremmo scegliere dal canzoniere italiano esempi che ci sembrano significativi e più pertinenti alle affermazioni di Rahner. Fortunatamente essi non mancano, anche se San Remo non li ha ben rappresentati (4). Tuttavia preferiamo compiere qualche sondaggio nelle parole modeste della recente edizione del Festival proprio perché esse sono di ampia diffusione popolare. Nella sua canzone Simona Bencini canta sono un angelo che non sa più volare; Luca Dirisio sei un tesoro che non posso governare; Noa con Carlo Fava e i «Solis String Quartet» mi hai allargato il cuore e te lo voglio dire così; e Andrea Orino non mi basta niente / se non sei qui tu. Parole ordinarie, orecchiabili, comuni, perfino banali e stucchevoli, ma capaci di esprimere alcune semplici verità esistenziali. Così il sentimento della fiducia nella vita cantato dal gioco di chiaroscuri di Dolcenera in Com’è straordinaria la vita o da Gigi Finizio e i «Ragazzi di Scampia» che cantano la musica è vera speranza / e chesta speranza cchiù rriche ce fa, o persino da Nicky Nicolai, che anche nella storia triste di una prostituta dipinge un’alba che dà / la luce del giorno. Ben altra cosa rispetto alla vana e leggera libertà di sognare cantata da Gianluca Grignani. È preferibile allora la scanzonata saggezza del volo basso del piccione cantato dal vincitore Giuseppe Povia (5). Alle mille malinconie di Spagna, ma ancor di più al vaniloquio leggero di Ameba4 che canta Forse mi sbaglio / ma credo nel nulla / ridodi cose / che non so capir e ad altre sbiadite cartoline canore (come quella degli «Sugarfree»), si contrappone lo scenario aperto da Ron: E non è un mondo / se non mi fa amare quel che c’è.

Le parole citate sono semplici, senza pretese, conformiste e sostanzialmente formulate per essere orecchiabili. Il sito della Treccani giudica questa edizione del Festival dal punto di vista linguistico una delle più piatte degli ultimi anni: «Testi-domopak prodotti al metro per confezionare melodie che devono scivolare via facili. Parole fatte per imprimersi subito nella memoria, adagiandosi nel calco dei tanti passaggi simili che ognuno di noi ha in mente, e poi essere dimenticate, con la stessa facilità, dopo un mese di programmazione radiofonica» (6).

Inoltre è da constatare che il dominio assoluto sembra spettare ai toni sentimentali, aggiornati magari da un po’ di giovanilismo e conditi delle immagini più ovvie: il mare, la luna, le stelle, gli angeli… Oggi, in effetti, è veramente difficile trovare la misura giusta nell’espressione del sentimento. Rahner, avendo in mente una canzone di qualità, afferma che «non bisognerebbe aver paura del sentimento. In fondo soltanto chi è poco intelligente è tenuto a guardarsene». È questo il punto: l’intelligenza di chi scrive le canzoni e di chi le ascolta. La semplicità e l’immediatezza, anche quella delle emozioni, dev’essere valorizzata con la sapienza. Essa così, grazie alla musica, può far breccia, dando voce a condizioni interiori tanto vere quanto comuni, ordinarie, quotidiane.

In definitiva, la lettura dei testi delle canzoni di San Remo, se accompagnata dalle riflessioni di Rahner sulla parola della canzone, fa sorgere un desiderio, anzi un vero e proprio appello agli autori e ai cantanti. Essi devono essere consapevoli del valore del loro compito artistico ed espressivo, a suo modo insostituibile. Le loro opere sono sia veicoli popolari di visioni della vita, simboli e significati sia canali ordinari di espressione dell’interiorità e di conoscenza di sé: dei pensieri e dei sentimenti.

Canticchiare e fischiettare

Tuttavia Rahner va ancora più a fondo, affermando che la vera potenzialità della canzone non si sprigiona quando si accende la radio o lo stereo per ascoltarne le note. La canzone assume tutta la sua potenzialità non quando è semplicemente ascoltata, ma quando giunge ad essere cantata o canticchiata o fischiettata nella vita quotidiana, magari «con naturalezza e a cuor leggero» (7). Soltanto allora le sue caratteristiche possono essere svelate. In tal modo essa «dal padiglione del cuore penetra a guisa di un’eco nello spirito e nell’animo» dell’uomo. La canzone va cantata, non solamente ascoltata. Il motivo che Rahner adduce è di grande profondità: la canzone canticchiata serve all’uomo «ad esprimere chiaramente a se stesso la propria essenza» e, in tal modo, a «evitare che, restando silenzioso, egli debba soffocare».

Con la sua espressione complessa e profonda Rahner intende affermare che cosa sia, in definitiva, la canzone. Essa è Leggi tutto “Teologia della canzonetta pop”