Trump e Francesco: un incontro non hollywoodiano

La visita del Presidente degli Stati Uniti al Papa è significativa per il ruolo che questa grande nazione ha nello scacchiere internazionale. Lo è stata quella di Obama e lo è quella di Trump. Il sentimento prevalente in alcuni ambienti è quello dell’interesse che, a volte, è unito a una certa curiosità a causa della contrapposizione tra il Papa e il Presidente che spesso è stata data come semplicemente ovvia.

Ma il Papa non è ideologico e non pensa per bianco e nero. È anche molto realista: sa che la situazione globale del mondo in questo momento è di seria crisi. E spesso a rischio sono i più deboli. Crescono i nazionalismi, i populismi, le povertà, i «muri». Francesco, il Papa dei ponti, dunque vuole parlare con apertura con qualunque capo di Stato glielo chieda perché sa che nelle crisi non ci sono “buoni” e “cattivi” in assoluto. La storia del mondo non è un film hollywoodiano. Non arrivano mai i «nostri» a salvarci contro i «loro». Il Papa sa che ci sono in ballo sempre e comunque giochi di interesse. Per questo non entra in reti di alleanze precostituite e spesso trova partners proprio in coloro che rappresentano fratture rispetto al pensiero unico. In sostanza, la posizione voluta dal Papa consiste nel non dare torti e ragioni a priori, ma nell’incontrare i maggiori players in campo per ragionare insieme e proporre a tutti il bene maggiore, esercitare il soft power che mi sembra il tratto specifico della politica internazionale di Bergoglio.

Il Papa lo ha detto: vuole ascoltare, incontrare. Le porte aperte si possono trovare sempre e il Papa tende a partire nel dialogo da ciò che si condivide con l’interlocutore. È un atteggiamento che fa parte anche della tradizione dei gesuiti: è il principio che noi chiamiamo del praesupponendum (Esercizi Spirituali, 22), chiave del pensiero e dell’atteggiamento bergogliano.

Certo l’argomento che più sta a cuore a Francesco è quello delle gravi crisi umanitarie che richiedono risposte politiche lungimiranti. E il Papa è pure consapevole dei valori spirituali ed etici che hanno plasmato la storia del popolo americano. Lo si è ben compreso durante il suo viaggio negli Stati Uniti. Quindi c’è da immaginarsi che il Papa esprimerà con franchezza l’importanza di preservare questi grandi valori del popolo statunitense e, in maniera specifica, la sua preoccupazione per i poveri, gli esclusi e i bisognosi. Ricordiamo che lo ha già fatto nel telegramma di auguri per l’insediamento del Presidente. Ma l’incontro faccia a faccia avrà un valore differente, più profondo e anche più schietto.

Molti si interrogano sullo stile dell’incontro. Difficile da dire. Tutto dipende dall’incontro stesso. Non si può dire in anticipo se sarà rilassato o teso. Sarà certamente un incontro «sincero» in cui il Papa dirà quel che pensa e sarà disposto ad ascoltare quel che il presidente Trump pensa e vorrà comunicargli.

E in questo senso sarà un incontro senza «muri».

«Amoris Laetitia es obviamente un acto de magisterio». Mi conversación con el cardenal Schönborn

immagine-k12g-u107095816044700c-1024x576lastampa-itQui in  Italiano. Here in English 

Conversar con el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, supone crear un espacio de reflexión que exige atención y serenidad. La lucidez de sus reflexiones va siempre de la mano de su profundidad espiritual. En este sentido, se corresponde bien con el carisma de la Orden de Predicadores y que resume el lema de Santo Tomás de Aquino, contemplata aliis tradere, “comunicar a los otros las realidades contempladas”. Y eso precisamente fue nuestra conversación: una transmisión, un intercambio, no de una serie de abstractas tesis intelectuales o escolásticas, sino de unos razonamientos que han encontrado su confirmación en la oración. El tono y el ritmo de la conversación reflejan también esta misma dimensión contemplativa.

Algunos hablan de “La Alegría del Amor” como de un documento menor, de una opinión personal del Papa Francisco (por decirlo así), sin pleno valor magisterial. ¿Qué valor posee esta exhortación? ¿Es un acto de magisterio? Esto parece evidente, pero es bueno aclararlo en estos tiempos, para evitar que algunas voces que sostienen lo contrario puedan crear confusión entre los creyentes.

Es obviamente un acto de magisterio: es una exhortación apostólica. Está muy claro que el Papa está ejerciendo aquí su papel de pastor, de maestro y profesor de la fe, después de haber consultado los dos sínodos sobre la familia. Y sin duda hay que decir que se trata de un documento pontificio de gran nivel, un verdadero magisterio de sacra doctrina, que nos remite a la actualidad de la palabra de Dios. La he leído muchas veces, y siempre que lo hago percibo la delicadeza de su composición y cada vez mayor cantidad de detalles repletos de enseñanza.

No faltan pasajes en la exhoratación que demuestran clara y decisivamente su valor doctrinal. El tono y el contenido de lo que se dice permiten reconocer la intención del texto —por ejemplo, cuando el Papa escribe: “Pido con urgencia…”, “Ya no podemos seguir diciendo…” “He querido presentar a toda la Iglesia…” y así sucesivamente—. “La Alegría del Amor” es un acto del magisterio que permite que la enseñanza de la Iglesia se haga presente y relevante en el mundo de hoy. Al igual que leemos el Concilio de Nicea a la luz del Concilio de Constantinopla y el Concilio Vaticano I a la luz del Concilio Vaticano II, tenemos que leer las previas afirmaciones del magisterio sobre la familia a la luz de las aportaciones que hace “La Alegría del Amor”. Eso nos permitirá dilucidar vívidamente la distinción entre la continuidad de los principios doctrinales y la discontinuidad de las perspectivas y reconocer aquellas expresiones que estuvieron condicionadas históricamente. Esta es la función que corresponde al magisterio vivo: interpretar verazmente la palabra de Dios, ya sea escrita o recogida por la tradición.

¿Le han sorprendido algunas cosas? ¿Y ha habido otras que le hayan movido a la reflexión? ¿Ha habido pasajes que ha tenido que pararse a leer varias veces?

Lo que me sorprendió muy gratamente fue la metodología. En este ámbito de la realidad humana, el Santo Padre renovó esencialmente el discurso de la Iglesia en las páginas de su exhortación apostólica “La Alegría del Evangelio”, como también lo hizo la constitución pastoral “Gaudium et Spes” del Concilio Vaticano II, que esboza ya los principios doctrinales y las reflexiones sobre el ser humano que hoy en día siguen en constante evolución. Hay aquí una profunda apertura para asumir la realidad.

¿Diría usted que esta perspectiva, tan abierta a la realidad, y también a la fragilidad, puede perjudicar la fortaleza de la doctrina?

Rotundamente no. El gran desafío del Papa Francisco es precisamente demostrar que esta perspectiva, por ser capaz de comprender y estar transida de benevolencia y de confianza, no causa daño alguno a la fortaleza de la doctrina. Por el contrario, esta perspectiva forma parte de los pilares de la doctrina. Francisco entiende la doctrina como el “hoy” de la Palabra de Dios, la Palabra encarnada en la historia, y la predica mientras va escuchando las preguntas que surgen por el camino. Lo que rechaza es esa actitud de encerrarse en discursos abstractos, impropios de quien vive y da testimonio de encuentro con el Señor que nos cambia la vida. Esa abstracta y doctrinaria perspectiva que domestica algunas declaraciones para imponerlas a una élite, y olvida que si cerramos los ojos a nuestro prójimo, también nos estamos volviendo ciegos a Dios, como dijo Benedicto XVI en “Deus caritas est”.

A uno le llama la atención esa insistencia del Papa en “La Alegría del Amor” de que la familia no es una realidad preconcebida y perfecta. Entonces ¿por qué tendemos a ser tan excesivamente idealistas cuando hablamos sobre las relaciones matrimoniales? ¿Es quizá un idealismo romántico que corre el riesgo de pecar de platónico?

La misma Biblia describe la vida familiar no como un ideal abstracto, sino como lo que el Santo Padre llama “un proceso dinámico” (AL 122 y 113). Los ojos del Buen Pastor miran a las personas, no a las ideas que pretenden justificar a posteriori la realidad de nuestra esperanza. La distancia que existe entre estas concepciones teóricas y el mundo en el que la Palabra se encarna, nos lleva a desarrollar “una fría moral de escritorio” (AL 312). A veces hemos hablado del matrimonio de forma tan abstracta que pierde todos sus atractivos. El Papa habla muy claro: la familia no es una realidad perfecta, porque está formada por pecadores. La familia en un proceso en camino. Creo que esta es la piedra angular de todo el documento. Y me parece que esta manera de mirar las cosas no tiene nada que ver con el secularismo, con el aristotelismo opuesto al platonismo. Creo más bien que es realismo bíblico, el modo de mirar a los seres humanos que nos brinda la Escritura.

Tal como escuchó de los propios Padres sinodales, el Papa es consciente del hecho de que no podemos seguir hablando de las personas en categorías tan abstractas ni condicionar la praxis concreta a la generalidad de una norma.

Respecto a los principios, la doctrina sobre el matrimonio y los sacramentos es clara. Y el Papa Francisco la ha expuesto una vez más con gran claridad. Respecto a la disciplina, el Papa toma en consideración la infinita variedad de situaciones concretas y afirma que no podemos esperar una nueva serie de normas, a modo de ley canónica, que pueda ser aplicable a todos los casos. En cuanto a la praxis, dada la complejidad de las situaciones y de las familias afectadas, el Santo Padre dice que lo que sí es posible es un nuevo y decidido esfuerzo para asumir el responsable discernimiento personal y pastoral que exigen los casos concretos. Hay que tener en cuenta que, “puesto que el grado de responsabilidad no es el mismo en todos los casos, las consecuencias o los efectos de una norma no necesariamente deben ser siempre los mismos” (AL 300). Añade, muy claramente y sin ambigüedad alguna, que este discernimiento alcanza también a “la disciplina sacramental, puesto que el discernimiento puede reconocer que en una situación particular no hay culpa grave” (AL 300, nota al pie 336). Y especifica también que “la conciencia de las personas debe ser mejor incorporada en la praxis de la Iglesia” (AL 303), especialmente en “conversación con el sacerdote, en el fuero interno” (AL 300).

Después de esta exhortación, ya no tiene sentido preguntar si, en general, todas las personas divorciadas que se han vuelto a casar pueden o no pueden recibir los sacramentos.

La doctrina de fe y costumbres existe—la disciplina basada tanto en la sagrada doctrina como en la vida de la Iglesia—y existe también la praxis, que está determinada tanto por la persona como por la comunidad. “La Alegría del Amor” se sitúa en el plano concretísimo de la vida de cada persona. Hay aquí una evolución, claramente expresada por el Papa Francisco, en la percepción que la Iglesia tiene de las circunstancias condicionantes y atenuantes, circunstancias que son características de nuestra propia época:

La Iglesia posee una sólida reflexión acerca de los condicionamientos y circunstancias atenuantes. Por eso, ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada «irregular» viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante. Los límites no tienen que ver solamente con un eventual desconocimiento de la norma. Un sujeto, aun conociendo bien la norma, puede tener una gran dificultad para comprender «los valores inherentes a la norma» o puede estar en condiciones concretas que no le permiten obrar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una nueva culpa. Como bien expresaron los Padres sinodales, «puede haber factores que limitan la capacidad de decisión» (AL 301).

Pero estas orientaciones ya estaban contenidas de algún modo en el famoso Nº. 84 del “Familiaris Consortio” de San Juan Pablo II, que Francisco cita varias veces, como cuando dice: “Los pastores, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones” (FC 84; AL 79).

San Juan Pablo II distinguió, en efecto, una gran variedad de situaciones. Supo ver una diferencia entre quienes han tratado sinceramente de salvar su primer matrimonio y fueron abandonados sin justificación y quienes han destruido un matrimonio canónicamente válido con grave culpa por su parte. Y habla luego de aquellos que afrontan un segundo enlace con la intención de sacar adelante a sus hijos y que están subjetivamente seguros en conciencia de que el primer matrimonio, ya irreparablemente roto, nunca fue válido. Cada una de estas situaciones debe ser objeto de una valoración moral distinta.
Hay realmente muchos puntos de partida diferentes para ir hacia esa participación cada vez más profunda en la vida de la Iglesia a la que todos estamos llamados. Juan Pablo II presupone ya implícitamente que no podemos decir de forma simplista que cualquier caso de una persona divorciada que se vuelve a casar equivale a una vida en pecado mortal, apartada de la comunión de amor entre Cristo y la Iglesia. Ya entonces se estaba abriendo la puerta a una comprensión cada vez mayor, mediante el discernimiento de las diversas situaciones que no son objetivamente idénticas y gracias a la valoración responsable del fuero interno.

Por eso tengo la impresión de que esto es un paso más en la evolución de nuestra comprensión de la doctrina.

La complejidad de las situaciones familiares, que hoy es mucho mayor de lo que era habitual en nuestras sociedades occidentales hace solo unas décadas, ha hecho necesario mirar esta complejidad con mayor matización. Hoy mucho más que en el pasado, la situación objetiva de una persona no lo dice todo de esa persona en cuanto a su relación con Dios o con la Iglesia. Esta evolución nos obliga a repensar qué queremos decir cuando hablamos de situaciones objetivas de pecado. Y eso lleva implícito que también evolucione paralelamente nuestra comprensión y el modo de expresar la doctrina.

Francisco ha dado un paso importante al obligarnos a clarificar algo que había permanecido implícito en “Familiaris Consortio”: el vínculo entre la objetividad de una situación de pecado y la vida de gracia en relación con Dios y con su Iglesia, y —como consecuencia lógica—la concreta imputabilidad de pecado. El cardenal Ratzinger explicó en los años 90 que ya no podemos hablar automáticamente de una situación de pecado mortal en el caso de nuevas uniones maritales. Me acuerdo de haberle preguntado al cardenal Ratzinger en 1994, con motivo de la publicación por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe de un documento sobre personas divorciadas y casadas de nuevo: “¿Es posible que la vieja praxis que conocimos antes del concilio y que dábamos por segura, sea todavía válida?” Porque ahora esto abría la posibilidad, discerniendo en el fuero interno con nuestro confesor, de recibir los sacramentos, dado que no habría motivo de escándalo.” Su respuesta fue muy clara, respondió precisamente lo mismo que el Papa Francisco afirma: no hay una norma general que pueda cubrir todos los casos particulares. La norma general puede ser muy clara, pero es igualmente claro que esta no puede abarcar exhaustivamente todos los casos.

El Papa afirma que “en algunos casos”, cuando una persona está en situación objetiva de pecado—pero sin sentirse subjetivamente culpable o sin ser totalmente culpable—es posible vivir en gracia de Dios, amar y crecer en la vida de gracia y caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia, incluyendo los sacramentos, también la Eucaristía, que “no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles.” ¿Cómo puede esta afirmación integrarse en la doctrina tradicional de la Iglesia? ¿Supone esto una ruptura con lo que se había dicho en el pasado?

Considerando la perspectiva del documento, creo que un punto fundamental en la elaboración de “La Alegría del Amor” es que todos nosotros—no importa a qué abstracta categoría podamos pertenecer—estamos llamados a pedir misericordia y a anhelar la conversión: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa…” Cuando el Papa Francisco habla en una nota a pie de página sobre la ayuda que dan los sacramentos en algunos supuestos de situaciones irregulares, lo hace a pesar de que el problema —que es importante en sí mismo— ha sido formulado de un modo incorrecto cuando se teoriza y también a pesar de que algunos prefieren tratarlo en dircursos generalizadores antes que por medio del discernimiento individual del cuerpo de Cristo, al que todos y cada uno de nostros estamos obligados.

Con extraordinaria perspicacia, el Papa Francisco nos pide que meditemos sobre 1 Cor 11:17-34 (AL 186), que es el pasaje más importante sobre la comunión eucarística. Esto le permite resituar el problema y colocarlo precisamente allí donde San Pablo lo coloca. Es un modo sutil de marcar una hermenéutica diferente para dar respuesta a las preguntas más acuciantes. Hay que entrar en las dimensiones prácticas de la vida para “discernir el Cuerpo”, mendigando misericordia. Es posible que a alguien que lleve una vida acorde con las normas le falte discernimiento y, como Pablo dice, “come y bebe su propia condenación”.

Nos dirigimos a los sacramentos como mendigos, como aquel rcaudador de impuestos que, en la parte de atrás del templo, no se atreve a levantar los ojos. Es posible que, en ciertos casos, quien está en situación objetiva de pecado pueda recibir la ayuda de los sacramentos. El Papa nos invita no solo a valorar las circunstancias externas (que tienen su propia importancia) sino también a preguntarnos a nosotros mismos si de verdad sentimos esa sed de su perdón misericordioso, de modo que podamos corresponder mejor al dinamismo santificador de la gracia. No podemos pasar de la regla general al caso particular teniendo solo en cuenta las cuestiones formales.

Pero alguien podría preguntar: ¿y qué significa exactamente “en algunos casos”? ¿No se podría hacer una especie de inventario para aclararlo?

Así correríamos el riesgo de caer en una casuística abstracta. Y algo todavía más serio: correríamos el riesgo de crear —incluso si en la norma se incluyen excepciones— un “derecho” a recibir la Eucaristía en una situación objetiva de pecado. Creo que el Papa nos está pidiendo aquí, por amor a la verdad, que apliquemos el discernimiento en cada caso concreto, tanto en el fuero interno como en el externo.

Por favor, acláreme esto: el Papa Francisco habla aquí de una “situación objetiva de pecado”. Obviamente, no se refiere a quien haya recibido una declaración de nulidad de su primer matrimonio y que luego se casó, ni tampoco a aquellos que hayan logrado vivir juntos “como hermano y hermana” (su caso podría ser irregular, pero no viven de hecho en una situación objetiva de pecado). En consecuencia, el Papa se refiere aquí a quienes no han logrado realizar objetivamente nuestro concepto de matrimonio y transformar su modo de vida de acuerdo con esa exigencia. ¿Es así?

Así es, en efecto. Precisamente por su amplia experiencia de acompañamiento espiritual, cuando el Santo Padre habla de “situaciones objetivas de pecado” no se detiene en los tipos de casos que se describen en el nº 84 de Familiaris Consortio. Hace referencia de un modo mucho más amplio a “ciertas situaciones que no realizan objetivamente nuestra concepción del matrimonio. Hay que alentar la maduración de una conciencia iluminada” y reconocer “el peso de condicionamientos concretos”. (AL 303).

La conciencia juega un papel crucial

Ya lo creo:
“Esa conciencia puede reconocer no sólo que una situación no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que, por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo” (AL 303).

“La Alegría del Evangelio,” “La Alegría del Amor”… Parece que el Papa Francisco quisiera insistir en la cuestión de la alegría. ¿por qué cree usted que es así? ¿Es necesario hablar hoy de la alegría? ¿Corremos el riesgo de perderla? ¿Quizá porque la misericordia es molesta? ¿Quizá porque estamos preocupados por la inclusión? Qué tipo de miedos despiertan las palabras del Papa en algunos? ¿Se podría explicar esto?

El llamamiento a la misericordia apunta a la necesidad de salir de nosotros mismos para practicar la misericordia y obtener a cambio la misericordia del Padre. La Iglesia de “La Alegría del Evangelio” es la Iglesia que se atreve a salir de sí misma y salir de uno mismo puede generar miedos. Tenemos que salir fuera de nuestras preconcebidas seguridades, para que así podamos reencontrarnos en Cristo. El Papa Francisco nos toma de la mano para llevarnos en la dirección correcta del testimonio y de la fe. Quiere mostrarnos un encuentro capaz de cambiar nuestra vida, un encuentro de amor que tendrá lugar solo si somos capaces de salir al encuentro de los demás.
La conversión pastoral busca continuamente esa presencia de Dios que sigue actuando hoy. Esa presencia suscita alegría, la alegría del amor. El amor es exigente; pero no hay alegría más grande que el amor.

Antonio Spadaro, S.J. es director de La Civiltà Cattolica. El cardenal Christoph Schönborn es arzobispo de Viena y presidente de la Conferencia Espiscopal Austriaca. Una versión más amplia de esta entrevista se publicó en italiano en La Civiltà Cattolica.

(Traducción para America en español: Juan V. Fernández de la Gala)

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In Albania beatificato p. Giovanni Fausti. Civiltà Cattolica ne pubblica gli scritti “profetici”

coverNell’elenco di 38 martiri uccisi sotto il regime comunista in Albania figura anche padre Giovanni Fausti (1899-1946) e i suoi compagni. Saranno tutti beatificati il 5 novembre 2016 nella piazza davanti alla cattedrale di Santo Stefano a Scutari. Il 21 settembre 2013 Papa Francesco si era recato in Albania per il suo quarto viaggio internazionale dopo quelli in Brasile, Terra Santa e Corea. La popolazione del «Paese delle Aquile» ha molto sofferto nella sua storia, e soprattutto nelle seconda metà del Novecento per la rigidissima dittatura comunista di Enver Hoxha iniziata nel 1944 e finita con la morte del dittatore nel 1985. La Costituzione albanese era l’unica a contenere l’ateismo pratico. Sono state distrutte oltre 1800 chiese, e molte altre sono state trasformate in cinema, teatro, sale da ballo.

Rimane impressa nella memoria l’immagine del grande viale che conduce alla piazza Madre Teresa, luogo nel quale il Pontefice ha celebrato la Messa davanti a tanti cattolici, ma anche a tanti musulmani, venuti per essere presenti all’evento. Lungo il viale si succedevano grandi striscioni con l’immagine dei martiri che hanno dato la vita per testimoniare la loro fede. Tra questi volti quello del p. Fausti, missionario e precursore del dialogo islamico-cristiano. E l’Albania è l’unico Paese europeo a maggioranza musulmana.

padre_giovanni_faustiIl p. Fausti scriveva sulla Civiltà Cattolica e, come risulta dal diario delle «consulte» (cioè la riunione di redazione) della rivista, fu lo stesso Pio XI a commissionare alcuni articoli sul tema dell’islàm. Il Pontefice era convinto che si fosse fatto poco per avvicinare i musulmani. Riteneva necessario studiarne a fondo la lingua, la religione, i costumi, il loro modo di pensare. È per rispondere a questa richiesta che, negli anni Trenta, si muovono gli interventi della Civiltà Cattolica su questo tema. La loro redazione (tra il 1931 e il 1935) non fu affidata a un uomo di «laboratorio», cioè a uno studioso professore esperto di questi temi, né a un redattore stabile della rivista, ma a un uomo di «frontiera», un gesuita che nelle sue pagine definisce se stesso come un «umile missionario in terra d’Islam», il quale aveva non solamente una solida competenza nella materia, ma conosceva anche direttamente il mondo e la cultura islamica. P. Fausti era un convinto sostenitore del «Vangelo dialogante», inculturato nella fede e nella cultura del popolo. P. Fausti pagò con la vita la propria fedeltà al popolo albanese: fu fucilato dai comunisti la mattina del 4 marzo 1946 nei pressi del cimitero cattolico di Scutari.

A distanza di quasi ottant’anni dalla redazione degli articoli di p. Fausti, voluti da Pio XI, Papa Francesco ha visitato la terra albanese. Essa è stata la prima dell’Europa a ricevere una visita del Pontefice. E certamente questa scelta non è stata casuale. Il Papa delle «periferie» per entrare in Europa il Papa delle «periferie» ha scelto un Paese candidato all’ingresso nell’Unione europea, e dunque non ancora in essa integrato. Ma Francesco ha scelto l’Albania soprattutto perché le confessioni religiose presenti nel Paese, tutte oppresse sotto la dittatura, hanno imparato a convivere bene insieme: musulmani (sunniti e bektashi) e cristiani (ortodossi e cattolici). L’Albania smentisce quanti usano la religione per alimentare i conflitti. Il messaggio di p. Fausti, dunque, torna a farsi attuale.

Nel suo primo discorso pubblico in terra albanese presso il Salone dei ricevimenti del Palazzo Presidenziale Francesco ha subito affermato uno dei motivi principali del suo viaggio: «Mi rallegro in modo particolare per una felice caratteristica dell’Albania, che va preservata con ogni cura e attenzione: mi riferisco alla pacifica convivenza e alla collaborazione tra gli appartenenti a diverse religioni. Il clima di rispetto e fiducia reciproca tra cattolici, ortodossi e musulmani è un bene prezioso per il Paese e acquista un rilievo speciale in questo nostro tempo nel quale, da parte di gruppi estremisti, viene travisato l’autentico senso religioso e vengono distorte e strumentalizzate le differenze tra le diverse confessioni, facendone però un pericoloso fattore di scontro e di violenza, anziché occasione di dialogo aperto e rispettoso e di riflessione comune su ciò che significa credere in Dio e seguire la sua legge».

Con decisione e chiarezza Francesco ha proseguito: «Nessuno pensi di poter farsi scudo di Dio mentre progetta e compie atti di violenza e sopraffazione! Nessuno prenda a pretesto la religione per le proprie azioni contrarie alla dignità dell’uomo e ai suoi diritti fondamentali, in primo luogo quello alla vita e alla libertà religiosa di tutti!». I riferimenti alla situazione che viviamo in Medio Oriente sono chiari. Di fronte a una religione strumentalizzata, l’esperienza albanese dimostra invece che «la pacifica e fruttuosa convivenza tra persone e comunità appartenenti a religioni diverse è non solo auspicabile, ma concretamente possibile e praticabile. La pacifica convivenza tra le differenti comunità religiose, infatti, è un bene inestimabile per la pace e per lo sviluppo armonioso di un popolo. È un valore che va custodito e incrementato ogni giorno, con l’educazione al rispetto delle differenze e delle specifiche identità aperte al dialogo ed alla collaborazione per il bene di tutti, con l’esercizio della conoscenza e della stima gli uni degli altri. È un dono che va sempre chiesto al Signore nella preghiera. Possa l’Albania proseguire sempre su questa strada, diventando per tanti Paesi un esempio a cui ispirarsi!».

Il Pontefice ha ribadito questo pensiero incontrando i leaders delle altre religioni e denominazioni cristiane e immaginando la libertà religiosa, adesso di recente acquisita, come uno «spazio comune» che deve essere «un ambiente di rispetto e collaborazione che va costruito con la partecipazione di tutti, anche di coloro che non hanno alcuna convinzione religiosa». Francesco ha individuato due atteggiamenti che possono essere utili nella promozione di questa libertà fondamentale.

«Il primo – ha affermato – è quello di vedere in ogni uomo e donna, anche in quanti non appartengono alla propria tradizione religiosa, non dei rivali, meno ancora dei nemici, bensì dei fratelli e delle sorelle. Chi è sicuro delle proprie convinzioni non ha bisogno di imporsi, di esercitare pressioni sull’altro: sa che la verità ha una propria forza di irradiazione. Tutti siamo, in fondo, pellegrini su questa terra, e in questo nostro viaggio, mentre aneliamo alla verità e all’eternità, non viviamo come entità autonome ed autosufficienti, né come singoli né come gruppi nazionali, culturali o religiosi, ma dipendiamo gli uni dagli altri, siamo affidati gli uni alle cure degli altri. Ogni tradizione religiosa, dal proprio interno, deve riuscire a dare conto dell’esistenza dell’altro».

Il secondo atteggiamento è «l’impegno in favore del bene comune. Ogni volta che l’adesione alla propria tradizione religiosa fa germogliare un servizio più convinto, più generoso, più disinteressato all’intera società, vi è autentico esercizio e sviluppo della libertà religiosa. Questa appare allora non solo come uno spazio di autonomia legittimamente rivendicato, ma come una potenzialità che arricchisce la famiglia umana con il suo progressivo esercizio. Più si è a servizio degli altri e più si è liberi!». Il Papa ha invitato dunque le persone credenti in Dio a guardarsi attorno, a vedere quanti sono i bisogni dei poveri, e quanto le nostre società debbano ancora trovare cammini «verso una giustizia sociale più diffusa, verso uno sviluppo economico inclusivo». Gli uomini e donne ispirati dai valori delle proprie tradizioni religiose possono offrire un contributo insostituibile. Ed è proprio questo un terreno particolarmente fecondo anche per il dialogo interreligioso. Dunque: il dialogo si fa non discutendo sulle idee, ma facendo insieme qualcosa per il bene di tutti.

Rileggendo le parole di p. Fausti alla luce di quelle di Francesco, si scopre una lezione forte e una voce chiara anche per i nostri giorni. Le intuizioni sul dialogo tra islam e cristianesimo, teorizzate da questo uomo di frontiera oltre che martire, possono essere un terreno privilegiato per cementare il dialogo interreligioso, anche oggi, specialmente alla luce del pontificato di Francesco. Il volume che raccoglie i suoi scritti su cristianesimo e islam, considerando gli anni nei quali furono scritti, fanno parte di un capitale di sapienza che può aiutarci a vivere meglio il momento presente con tutte le sue tensioni e le sue sfide.

Papa Francisco: la alegría y las condiciones de vida en común

0,,18936356_303,00Lo que hay de común en los tres documentos más importantes del Papa Francisco — la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, (La alegría del Evangelio), la encíclica Laudato Si, (sobre el cuidado de la casa común) y la exhortación Postsinodal Amoris Letitia, (sobre el amor en la familia) — es el tema de la alegría que aparece en distintas formas: gaudium, laudatio, letitia y esta alegría está vinculada a la idea de las condiciones de vida en común: la comunidad eclesial, el medio ambiente y la familia. Esta alegría se origina en la experiencia del encuentro con Jesucristo, “la alegría interna que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud de su alma, aquietándola y pacificándola en su Criador y Señor” (Ignacio de Loyola). La alegría del evangelio debe llegar a cristianos y no cristianos porque todo el mundo tiene el derecho de recibir el Evangelio, de allí que todos los cristianos estén permanentemente en una dinámica de salida hacia los demás. Otro núcleo fundamental de la enseñanza de Francisco es el discernimiento pues gracias a este se puede iluminar la realidad concreta de cada vida, este es un proceso que nos lleva a ser dóciles en el Espíritu, que nos invita a actuar con amor y misericordia en cada situación particular. Finalmente la preocupación del Papa es la de recontextualizar la doctrina al servicio de la misión pastoral de la Iglesia. La doctrina debe interpretarse en relación con el centro del Kerygma cristiano y a la luz del contexto pastoral en la que se aplica para la salus animarum.

J. M. Bergoglio sulla poesia: ha dimora di carne e peso di ali non ancora spiegate in volo

2014_03_27_18_06_19Il 19 settembre 2016 è morto p. Osvaldo Pol, gesuita argentino e poeta.

L’allora rettore del Colegio Máximo San José era p. Jorge Mario Bergoglio. Fu lui a scrivere una prefazione breve a una raccolta di sue poesie dal titolo De destierros y moradas.

In questo breve intervento il futuro Papa Francesco, ispirato dalla poesia del confratello, dà una definizione della parola poetica che colpisce per densità.

— Qui è riprodotto il testo di p. Bergoglio tradotto in italiano, a seguire l’originale e quindi alcune poesie di Osvaldo Pol.

PREFAZIONE DI P. JORGE MARIO BERGOGLIO
Padre Osvaldo Pol, gesuita, ex alunno e oggi professore, ha scritto quasi tutti questi sonetti qui, a casa sua. Alcuni sono già stati pubblicati, altri appaiono per la prima volta.

Le facoltà di Filosofia e Teologia sono liete di presentare questo libro di sonetti dove, in linguaggio poetico, si esprime la sapienza teologica, che è il frutto più apprezzato dalla Compagnia di Gesù nel suo impegno accademico.

Può sembrare paradossale che un poeta parli, con linguaggio della terra, di esiliati dalla terra. Può sembrare paradossale ma non lo è, perché la parola poetica ha dimore di carne nel cuore dell’uomo e – al tempo stesso – sente il peso di ali che ancora non hanno spiccato il volo. Arduo dilemma, questo, che santa Teresa esprime poeticamente e misticamente: “Com’è duro quest’esilio!”.

San Miguel, 20 giugno 1981, nel cinquantenario del Colegio Máximo San José

Jorge Mario Bergoglio, S.I.

Rettore

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PROLOGO DEL P. JORGE MARIO BERGOGLIO

El Padre Osvaldo Pol, jesuita, ex-alumno y actual profesor, escribió casi todos estos sonetos en esta, su casa. Algunos fueron ya publicados, otros aparecen por primera vez.

Las Facultades de Filosofía y Teología se alegran en presentar este libro de sonetos donde, en lenguaje poético, se expresa la sabiduría teológica, que es el fruto más valorado por la Compañía de Jesús en su esfuerzo académico.

Parece paradójico que un poeta hable, con lenguaje de la tierra, de destierros. Parece paradójico pero no lo es, porque la palabra poética tiene moradas de carne en el corazón del hombre y -a la vez- siente la pesantez de una alas que todavía no han remontado su vuelo. Trabajoso dilema éste que expresa mística y poéticamente Santa Teresa: «qué duros estos destierros!»

San Miguel, 20 de junio de 1981, en el cincuentenario del Colegio Máximo de San José

Jorge Mario Bergoglio, S. J.

Rector

PREFACE OF FR. JORGE MARIO BERGOGLIO

Father Osvaldo Pol, Jesuit, former student and today professor, has written almost all these sonnets here, at his home.  Some are already published, others appear for the first time.

The faculty of Philosophy and Theology are pleased to present this book of sonnets where, in poetic language, theological wisdom is expressed, which is the fruit most appreciated by the Society of Jesus in his academic commitment.

It can seem paradoxical that a poet speaks, with the language of the land, of the exiles of the land.  It can seem paradoxical but it is not, because the poetic word has dwellings of flesh in the heart of man and—at the same time—it feels the weight of wings that have not yet taken flight.  Arduous dilemma, this, that St Therese expressed poetically and mystically: «How hard is this exile!»

San Miguel, June 20, 1981, the fiftieth anniversary of the Colegio Máximo San José

Jorge Mario Bergoglio, S. J.

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POESIE DI OSVALDO POL

Sólo una muerte. Sólo una vida

Sólo una muerte para tanta vida.
Sólo una noche sosegada y larga
para abarcar los días con su carga
de ansiedad y memoria sostenida.

Nos bastará una sola muerte erguida
sobre la luz que envuelve y aletarga.
Sólo una muerte aséptica y amarga
para esta fiebre que cabalga henchida,

para esta libertad irrefrenable,
para esta guerra a que la sangre llama,
para este ardido viaje de la suerte,

para este grito tenso, inabarcable,
para este hambre que devora y clama…
Sólo una vida para tanta muerte.
La vida, la vida es

¿Por dónde puede la mañana asirse
y describir su vuelo la esperanza?
¿Por qué caminos la inquietud alcanza
la patria de la paz donde abatirse?

Sueñan los sueños cómo al viento unirse
y arribar a una lenta playa mansa.
La fiebre se hace fuego y no descansa
empujando la sangre hasta esparcirse.

Y la vida, la vida es este abrirse
hacia lo otro dolorosamente.
Es golpear en las puertas hasta herirse.

Es saber que la muerte torpemente
querrá cercarnos. Y a la vez sentirse
vivos por siempre, empecinadamente.

 

La experiencia

La experiencia
Consiste
en intentar que el pájaro regrese
desde el extremo opuesto de la noche
y pose su cansancio
sobre tu abierto pecho adolescente.

Lo tomas en tus manos,
lo acaricias,
extraes de sus alas todo el viento
y mientras él se entrega a lo innombrable
tú te dejas volar.

Es fácil la experiencia.
Lo difícil
es dar con el momento
que te permita asesinar al pájaro
sin morir a su lado de tristeza.

 

Saber perder… es la sabiduría?

Decir adiós un día y otro día…
Dar por perdido lo que fué logrado.
Sentir que el verbo amar nos ha mostrado,
el corazón de la melancolía…

Ya no será lo mismo la alegría,
para siempre, sabremos que a su lado,
hay una sombra, un tiempo demarcado…
una puerta cerrada a la porfía.

Y no debe importar,
a lo acabado, le quedan mil comienzos todavía…
Aunque oscuro y desolado ande el sol…

Decir adios, negarse a la osadía
de pretender lo que nos fue negado…
Saber perder es la sabiduría.

 

Dios calla

Pudo sernos dolor y fue alegría.
Final… y fue comienzo y alborada.
Porque a veces se da… y frente a la nada
La plenitud nos crece como un día

Que no va hacia la noche y su acabada
Sombra tenaz, amenazante y fría,
Sino día que esgrime la osadía
De ser luz, sólo luz empecinada.

Pudo sernos aquello que temía
El corazón cuando agotado estalla
En la desesperanza y la agonía
Que lo aleja de Dios… Pero Dios calla
Para decirnos más. Y se extasía
Feliz el corazón tras su muralla.

 

Oración

Sentir que el vuelo encuentra su sentido
dejando lejos la inquietud que ha abierto
tanto indagar la noche en el incierto
ir y venir del corazón dolido.
Dejar que el alma se remanse. Henchido
abrir el pecho hacia el seguro puerto.
Y sembrarme a la sombra de ese huerto
que para mí tan solo ha florecido.
Tocar a Dios. Sentirme de Él tocado.
Y comprender entonces boquiabierto
el por qué y para qué de mi latido.
Y descubrir que el vuelo se ha trocado
en un vuelo más alto. Y que el desierto
era el solo refugio apetecido.

 

 

——

Los años van simplificando el caos.
Antes las cosas divagaban
de uno al otro extremo de mi cuarto.
Ni mías ni de sí mismas.
Ahora están afincándose seguras
aquí y allá
con recatados títulos y razones discretas,
apropiándose puestos y lugares,
imponiéndome su orden
y su método.
¿Será parte de la vida esta manera nueva
en que las cosas
van dictándome pautas de respeto,
sacralidades que antes no percibía,
grietas de donde viene la luz
y me reclaman?
¿O no será que llega
la hora de las despedidas?
Los libros, los retratos y las lámparas
que creí dominar
hoy me poseen.
La maravilla es que estoy a gusto.

 

***
Un ringraziamento a Emmanuel Sicre SJ che mi ha fatto conoscere la poesia di p. Pol 
Un ringraziamento a Giuseppe Romano per la traduzione in italiano
Un ringraziamento a Reyanna Rice per la traduzione in inglese

 

La riforma e le riforme nella Chiesa: gli atti del Seminario di Civiltà Cattolica

047730 specialisti – ecclesiologi, storici, ecumenisti, canonisti ed esperti di pastorale – ai massimi livelli, provenienti da tredici diversi paesi, riprendono la questione della necessità di riforme nella Chiesa (Ecclesia semper reformanda), considerando in particolare il rinnovamento richiesto dal concilio Vaticano II. Sviscerano e sviluppano il tema, avendo lo scopo di offrire, con umiltà e audacia, un contributo di ispirazione ai processi che la Chiesa sta vivendo in questo tempo sotto la guida di Francesco.

Descrizione
A cinquant’anni dalla chiusura del Vaticano II, la ricezione del concilio può dirsi semplicemente conclusa? Fra quanto già allora fu prospettato e l’implementazione che ne è seguita, non vi sono temi o istanze da riesaminare? Non è questione soltanto di rinnovare con lucidità e coraggio strutture e istituzioni, ma anche di convertirsi sempre di nuovo a una mentalità evangelica, missionaria, aperta, «in uscita».

img_1945Nei diversi contributi offerti in questo libro da un gruppo internazionale di teologi, sotto l’egida de La Civiltà Cattolica col suo direttore,il gesuita p. Antonio Spadaro, e con la guida dell’argentino Carlos María Galli, vengono affrontati argomenti ricchi e complessi. Dopo una sezione sulla visione che papa Francesco ha della riforma della Chiesa e una riflessione sulle fonti permanenti del rinnovamento ecclesiale, si susseguono interventi puntuali sulle lezioni che vengono dalla storia, sulla comunione sinodale come chiave – a tutti i livelli – della vita e del rinnovamento del popolo di Dio, sulla questione dell’unità dei cristiani, per concludere con uno sguardo articolato verso una realtà di Chiesa più povera, più fraterna e più inculturata.

Gli autori – ecclesiologi, storici, ecumenisti, canonisti, pastoralisti –, lungi dal limitarsi a una discussione accademica, intellettualmente accattivante ma poco praticabile, esprimono volta per volta indicazioni su come approfondire e articolare le riforme della Chiesa, nei loro aspetti vitali e strutturali, suggerendo criteri di azione e ipotesi concrete per la prassi (a breve, medio e lungo termine).
Un libro di grande rilievo sotto il profilo teologico, gravido di conseguenze pastorali e istituzionali. Un umile ma audace contributo di ispirazione ai processi che la Chiesa sta vivendo sotto la guida di papa Francesco.

Questi i nomi del gruppo internazionale di autori e autrici che hanno contribuito al volume:6f5ccd01-7a36-4349-b603-e75af2fc5875
Alphonse Borras (Belgio); Piero Coda (Italia); Mario de França Miranda, sj (Brasile); Peter de Mey (Belgio); Severino Dianich (Italia) Massimo Faggioli (Stati Uniti); Joseph Famerée, sci (Belgio) Diego Javier Fares, sj (Argentina); Víctor Manuel Fernández (Argentina) José Mario C. Francisco, sj (Filippine); Carlos María Galli (Argentina) William Henn, ofm cap (Stati Uniti); Hervé Legrand, op (Francia) Angelo Maffeis (Italia); Mary Melone, sfa (Italia); Serena Noceti (Italia) John W. O’Malley, sj (Stati Uniti); Giancarlo Pani, sj (Italia); Salvador Pié-Ninot (Spagna); Hermann J. Pottmeyer (Germania); Andrea Riccardi (Italia); Gilles Routhier (Canada); Léonard Santedi Kinkupu (Rep. Dem. del Congo); Jorge A. Scampini, op (Argentina); Juan Carlos Sca nnone, sj (Argentina); Silvia Scatena (Italia); Carlos Schickendantz (Cile); Antonio Spadaro, sj (Italia); Dario Vitali (Italia); Myriam Wijlens (Olanda)

“TODAY THE CHURCH NEEDS TO GROW IN DISCERNMENT”. A private encounter of Pope Francis with some Polish Jesuits

tumblr_ocmn1jp2zg1qz6bc9o2_400During his Apostolic Trip in Poland on the occasion of the 31st World Youth Day, July 30, 2016—first vespers of St Ignatius of Loyola—at 5 p,m., Pope Francis met with a group of 28 Polish Jesuits belonging to two Provinces of the Society of Jesus of the country and two lay collaborators, accompanied by the two Father Provincials, Fr Tomasz Ortman and Fr. Jakub Kolacz. Attended also the meeting other three Jesuits: fr. Andrzej Majewski, Vatican Radio’s director of programs, fr. Federico Lombardi, at that time director of the Press Office of the Holy See, and fr. Antonio Spadaro, editor in chief of La Civiltà Cattolica. The encounter occurred at the Archbishopric of Krakow in a climate of great simplicity, spontaneity and cordiality, and though it was not devoid of meaningful content to the Order, it also held meaning for the Church more in general.  Francis greeted everyone present, one by one, and he focused in particular on those he had known in the past. When he was seated and began the dialogue, listening to the questions posed and answering in Italian, Fr. Kolacz translated his words into Polish, even though the majority of those present understood Italian well.  Then the Pontiff received some gifts.  Before concluding the encounter, lasting a total of 40 minutes, the Pope wanted to add a recommendation easily understandable in connection with his recent Magisterium. With the Holy Father’s approval, we report here the dialogue, in its immediacy, just as it happened, even preserving some personal memories.  It is intended as a witnessing that—as you will read—even gathers some impressions of the Pontiff’s experience with the young people of WYD and also provides meaningful pastoral lines.

                                                                                           Antonio Spadaro S.J.

Your message gets to the heart of the young people.  How do you speak to them so effectively?  Could you give us some advice for working with youth?

When I speak, I must look people in the eyes.  It isn’t possible to look in the eyes of all of them, but I look into the eyes of this one, of this one, of this one….and everyone feels I look at them.  It is something that comes to me spontaneously.  This is how I do it with the young people.  But, then the young people, when you speak with them, ask questions…..Today at lunch they asked some questions….They even asked me how I go to confession!  They have no discretion.  They ask direct questions.  And you always need to answer a young person with the truth.  A young man asked me: «How do you confess?».  And I began to talk about myself.  He said to me: «In my country there were scandals tied to priests and we do not have to courage to go to confession with these priests who have lived these scandals.  I cannot do it.».  You see: they tell you the truth, at times they reprimand you…Young people speak directly. They want the truth or at least a clear «I don’t know how to answer you».  You never find subterfuges with young people.  So with prayer. They asked me: «How do you pray?».  If you answer with a theory they remain disappointed.  Young people are generous.  But the work with them also requires patience, a lot of patience.  One of them asked me today: «What should I say to a friend who does not believe in God so that they can become a believer?».  Here, you see that at times young people need «recipes».  Then you must be ready to correct this attitude that requires recipes and ready answers.  I answered: «See that the last thing that you must do is to say something. Begin to do something. Then he or she will ask you explanations on how you live and why».  Here, you must be direct, direct with the truth.

What is the role of the Jesuit universities?

A university as a straight line from the Jesuits must point to a global formation, not only intellectual, a formation of the whole human person.  In fact if the university becomes simply an academy of ideas or a «factory» of professionals or a mentality centered on business prevails in its structure then it is truly off the path.  We have the Exercises in hand.  Here’s the challenge:  take the university on the path of the Exercises.  This means risking on the truth, and not on the «closed truth» that no one discusses.  The truth of the encounter with people is open and requires that we let ourselves make enquiries truly from reality.  And the Jesuit university must be involved with the real life of the Church and the Nation:  also this is reality, in fact.  A particular attention must be always be given to the marginalized, to the defense of those have more need of being protected.  And this—it is clear—is not being a Communist: it is simply being truly involved with reality.  In this case, in particular a Jesuit university must be fully involved with reality expressing the social thought of the Church.  The free-market thought that removes man and woman from the center and puts money at the center is not ours.  The doctrine of the Church is clear and it must move forward in this sense.

Why did you become a Jesuit?

When I entered the seminary, I already had a religious vocation.  But at that time my confessor was anti-Jesuit.  I also liked the Dominicans and their intellectual life.  Then I got sick and had to undergo lung surgery. Later another priest helped me spiritually.  I remember when I then told the first priest that I had entered the Jesuits, he truly did not take it well.  But here the irony of the Lord moved.  In fact, at that time they were receiving minor orders.  The tonsure is done in the first year of theology.  The rector told me to go to Buenos Aires to the auxiliary bishop, Mons. Oscar Villena, to look for him to do the tonsure ceremony.  I went to the House of Clergy, but they told me that Mons. Villena was sick. There was in his place another monsignor who was precisely that first priest who had then became a Bishop!  And I received the tonsure precisely from him!  And we have made peace after many years…. But, yes, I can say, my choice of the Society matured by itself…

There are some recently ordained priests in this group.  Do you have advice for their future?

You know: the future is from God.  The most that we can do is the feasible.  And the feasible are all of the bad spirit!  An advice: the priesthood is truly a great grace: your priesthood as a Jesuit is soaked in the spirituality that you have lived up to now: the spirituality of the Suscipe of St Ignatius.[1]

[At this time the encounter seems to be ending with the delivery to the Pontiff of gifts from some Jesuits who followed some young people connected to Ignatian spirituality who came from all over the world to WYD.  Francis then wants to add a recommendation and everyone sits down again.]

I want to add something now.  I ask you to work with seminarians.  Above all, give them what you have received from the Exercises: the wisdom of discernment.  The Church today needs to grow in the ability of spiritual discernment.  Some priestly formation programs run the risk of educating in the light of overly clear and distinct ideas, and therefore to act within limits and criteria that are rigidly defined a priori, and that set aside concrete situations: «you must do this, you must not do this.».  And then the seminarians, when they become priests, find themselves in difficulty in accompanying the life of so many young people and adults.  Because many are asking: «can you do this or can you not?». That’s all.  And many people leave the confessional disappointed.  Not because the priest is bad, but because the priest doesn’t have the ability to discern situations, to accompany them in authentic discernment.  They don’t have the needed formation.  Today the Church needs to grow in discernment, in the ability to discern. And priests above all really need it for their ministry.  This is why we need to teach it to seminarians and priests in formation: they are the ones usually entrusted with the confidences of the conscience of the faithful.  Spiritual direction is not solely a priestly charism, but also lay, it is true.  But, I repeat, you must teach this above all to priests, helping them in the light of the Exercises in the dynamic of pastoral discernment, which respects the law but knows how to go beyond.  This is an important task for the Society.  A thought of Fr. Hugo Rahner has often struck me[2].  He thought clearly and wrote clearly!  Hugo said that the Jesuit must be a man with the nose for the supernatural, that is he must be a man gifted with a sense of the divine and of the diabolical relative to the events of human life and history. The Jesuit must therefore be capable of discerning both in the field of God and in the field of the devil.  This is why in the Exercises St Ignatius asks to be introduced both to the intentions of the Lord of life and to those of the enemy of human nature and to his lies.  What he has written is bold, it is truly bold, but discernment is precisely this!  We need to form future priests not to general and abstract ideas, which are clear and distinct, but to this keen discernment of spirits so that they can help people in their concrete life.  We need to truly understand this: in life not all is black on white or white on black. No!  The shades of grey prevail in life.  We must them teach to discern in this grey area.

[The encounter ends here above all by the necessity to continue on the day’s program brought to the attention of the Holy Father by his collaborators.  Before taking his leave, however, Francis wanted once more to greet the Jesuits one by one concluding with a final blessing.]

[1] The Suscipe is a prayer that St Ignatius inserts in his Spiritual Exercises within the so-calledContemplatio ad amorem (n. 234): «Take Lord, and receive all my liberty, my memory, my understanding, and my entire will, all that I have and possess. You have given all to me. To You, O Lord, I return it. All is Yours, dispose of it wholly according to Your will. Give me Your love and Your grace, for this is enough for me».  Recall that even Benedict XVI recommended the IgnatianSuscipe responding to a seminarian during a visit to Major Roman Seminary, February 17, 2007.

[2] Here the Pontiff refers to a test of Hugo Rahner that arose following a study session on Ignatian spirituality.  The most recent Italian edition is the following:  Come sono nati gli Esercizi. Il cammino spirituale di sant’Ignazio di Loyola, Rome, Adp, 2004.  Francis here was referring to the reflections that Hugo Rahner wrote in chapter eight of the volume.  We note that chapter three of the same study was cited by Blessed Paul VI December 3, 1974, speaking to the 32nd General Congregation of the Society of Jesus.

THIS IS A WORKING TRANSLATION by Reyanna Rice. The original text is published here: http://www.laciviltacattolica.it/it/quaderni/articolo/3867/oggi-la-chiesa-ha-bisogno-di-crescere-nel-discernimento-un-incontro-privato-con-alcuni-gesuiti-polacchi-/tumblr_ocmn1jp2zg1qz6bc9o1_1280

Il mio grazie personale a padre Federico Lombardi

CONCLAVE: P.LOMBARDI, NON ANCORA DEFINITA DATAOggi, 11 luglio 2016, Papa Francesco ha accolto la rinuncia, presentata da P. Federico Lombardi, dall’ufficio di Direttore della Sala Stampa della Santa Sede.

Padre Federico Lombardi è un grande comunicatore. Ovviamente potrei scrivere subito dell’aspetto professionale della sua figura, ma qui vorrei esprimermi innanzitutto per esperienza personale, umana e spirituale.

È ben noto per le sue doti evidenti e sperimentate al servizio della Santa Sede sin dal 1990, quando divenne direttore dei programmi della Radio Vaticana, fino ad oggi. Io lo ricordo anche per il suo prezioso servizio a La Civiltà Cattolica dal 1973 al 1984. Io, qui, in realtà lo ricordo innanzitutto come Superiore Provinciale dei Gesuiti d’Italia, carica che ha ricoperto dal 1984 fino al 1990.

Il p. Lombardi che io ho conosciuto è stato il padre Lombardi «Provinciale» dei gesuiti. Se adesso sono gesuita, infatti, è «per colpa» sua: lui mi ha ammesso nel noviziato della Compagnia, vagliando la mia vocazione. Tuttavia prima di giungere a questa decisione ha conosciuto e dialogato molto con mia madre, che all’inizio era molto contraria alla mia scelta in quanto sono figlio unico: non ho né fratelli né sorelle. In questa occasione ho compreso che p. Federico Lombardi non «fornisce informazioni» ma «condivide la sua esperienza». Infatti ha ascoltato mia mamma facendosi davvero carico del suo problema, assumendo le sue istanze in maniera equilibrata, ascoltandola, comunicando con lei a un livello profondo. Posso dirvi che, anche prima di accettare la mia vocazione, come poi ha fatto pienamente, da subito mia madre ha imparato a voler bene e ad apprezzare quello che sarebbe stato il mio Superiore religioso.

Successivamente, quando non era più Provinciale, ho sperimento la capacità comunicativa di p. Lombardi in altre occasioni, come, ad esempio, le nostre «Congregazioni Provinciali», una sorta di «capitolo» dell’Ordine. Quando c’era un problema si faceva ricorso a lui. E in genere i problemi erano (e sono tuttora) di comunicazione.

Conosco il suo impegno da noi a Civiltà Cattolica soltanto grazie all’eco che ancora in casa è vivo della sua azione come vicedirettore. Padre Lombardi lavorava, lavorava tanto. In quegli anni, tra l’altro, scalava il monte Amaro (2.800 metri, la cima più alta della Majella) in 3 ore, mi dicono. In metà tempo rispetto a molti altri: un’immagine della sua capacità di lavoro e di servizio.

Circa il suo ruolo come direttore della Sala Stampa posso aggiungere un piccolo aneddoto: alla fine del Conclave, dopo l’elezione del Papa, ho incontrato una giornalista statunitense considerata «pericolosa». Ero molto nervoso per questa intervista. Ma mi ha colpito la prima cosa che mi disse: «Sa una cosa, padre? Io amo il p. Lombardi». Alla mia domanda sul perché, su che cosa intendesse dire, lei proseguì: «sono rimasta colpita dal suo modo di gestire con precisione, ma anche leggerezza il suo ruolo».

Padre Lombardi esprime una tensione pastorale di accoglienza unita a una discrezione che non lo mette sotto la luce dei riflettori, eppure lo rende in qualche modo necessario: crea l’ambiente comunicativo corretto. Io lo ammiro anche perché ha saputo adattarsi a due stili completamente diversi di vivere il Pontificato: la discrezione e la delicatezza di Benedetto; la spontaneità comunicativa imprevedibile di Francesco.

Concludo con un altro piccolo tassello aneddotico. Mi ha colpito quando in un’occasione ufficiale di festeggiamento per l’Ottantesimo l’anniversario della Radio Vaticana, padre Lombardi disse con la sua proverbiale compostezza: «La Radio Vaticana non è una radio». No, non intendeva fare il verso a René Magritte che nel 1948 dipinse «Questa non è una pipa», ma far capire che il mondo della comunicazione era cambiato e che la convergenza dei media fa sì che non ci sia un «mezzo» di comunicazione, e poi un altro «mezzo», e poi un altro «mezzo»… tutti uno accanto all’altro come differenti pianeti di un sistema solare. Voleva far capire all’uditorio che la comunicazione è complessa e ogni piattaforma comunicativa non può far a meno delle altre. La Radio oggi è anche testi, video, social networks… Ovviamente questo lavoro è possibile anche grazie alle sinergie tra i diversi media della Santa Sede. E la sinergia non si inventa: è frutto di una sapiente mediazione, nella quale il p. Lombardi è maestro. E la sua maestria si è confermata nella gestione coraggiosa e sapiente della complessa macchina comunicativa del recente Sinodo straordinario sulla famiglia.

Aggiungo una parola sui viaggi con Papa Francesco: andare sul volo papale guidati e accompagnati da p. Federico è stata una esperienza straordinaria: lui è sempre stato consapevole delle possibili sorprese dietro l’angolo, ma è anche sempre stato capace di adeguarvisi con un aplomb magistrale. Non dimenticherò mai il confronto con lui su discorsi, eventi e sorprese… E soprattutto la fraternità e la condivisione, a volte anche del luogo dove fare una breve sosta.

A te, caro Federico, complimenti e, di cuore, grazie per il tuo servizio a tre Papi (molto diversi tra loro!), svolto sempre con intelligenza, fedeltà e passione umile e disponibile per il bene della Chiesa!

Antonio  Spadaro S.I.
direttore de La Civiltà Cattolica

Pope Francis: the Idea of Europe and the end of the Charlemagne era

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Pope Francis received the prestigious Charlemagne Prize May 6, 2016.  In his discourse he cited the great Jesuit theologian Erich Przywara, teacher of Hans Urs von Balthasar and author of the essay Idee Europa [The Idea of Europe] [1] Citing L’idea di Europa, that he knows well, Francis reveals his conviction, which was that of the Jesuit theologian: we are at the end of the Constantinian epoch and the experiment of Charlemagne.  It is interesting, therefore, that the Pope quotes Przywara precisely in this Carolinian context.

«Christendom», that is that process started with Constantine in which he implements an organic bond between culture, politics, institutions and the Church, is concluding.  Przywara — together with the Austrian historian Friedrich Heer [2] — is convinced that Europe was born and raised in relationship and in contraposition with the Sacrum imperium, that has its own roots in the attempt by Charlemagne to organize the West as a totalitarian state.

This process is evaluated by Heer as «the possibility for the Church to resume the evangelical paths started by Francis of Assisi, Ignatius of Loyola and Teresa of Lisieux, breaking down the barriers that separated her from the poor to whom Christianity—in the theological political conjuncture of the various forms of Christianity—always appeared as an ideological policy —and the guarantee — of the dominant groups». [3] For Heer the end of Christendom does not mean the decline of the West, but rather brings in itself a decisive theological resource in as much as the mission of Charlemagne is at the end.  Christ himself resumes the work of conversion.  The wall falls that almost up to the present day has impeded the Gospel from reaching the deeper layers of the conscience, from penetrating to the center of the soul. [4]

He thus radically refuses the idea of the realization of the Kingdom of God on earth, that was at the base of the Holy Roman Empire and all similar political and institutional forms, up to the dimension of the political «party».  If so understood, in fact, the «chosen people» would enter into an intricate interweaving of religious, institutional and political dimensions that cause them to lose awareness of its universal diakonia and would contraposition them to those who are alienated, to the those who do not belong, that is the «enemy».

The Pope has confirmed his vision citing Przywara a few days after having received the prize, May 9, in an interview with the French daily La Croix.  Questioned on why he speaks of the «European identity», the pontiff answers: «We need to speak of roots in the plural because there are so many. In this sense, when I hear talk of the Christian roots of Europe, I sometimes dread the tone, which can seem triumphalist or even vengeful. It then takes on colonialist overtones. John Paul II, however, spoke about it in a tranquil manner. Yes, Europe has Christian roots and it is Christianity’s responsibility to water those roots. But this must be done in a spirit of service as in the washing of the feet. Christianity’s duty to Europe is one of service. As Erich Przywara, the great master of Romano Guardini and Hans Urs von Balthasar, teaches us, Christianity’s contribution to a culture is that of Christ in the washing of the feet. In other words, service and the gift of life. It must not become a colonial enterprise».[5]

With Przywara, Bergolio recognizes — precisely as is affirmed in the Letter to the Hebrews (13:13) — that Christians must «go outside of the camp to bring the outrage of Christ».[6]  And the Church must be in exit and never be a closed and excluding entity.  She is to follow Christ outside of the wall of the holy city, where he died as an accursed man to be able to gather together the whole of humanity, even those who believed him accursed and abandoned by God (cfr Gal 3:13).

Here arises the idea of the Church as «a field hospital», also evoked in the discourse of the President of the European Council, Tusk.  And in fact Francis continues in his discourse affirming that «To the rebirth of a Europe weary, yet still rich in energies and possibilities, the Church can and must play her part».  How?  Proclaiming the gospel, that «more than ever finds expression in going forth to bind the wounds of humanity with the powerful yet simple presence of Jesus, and his mercy that consoles and encourages».

Here is, therefore, what the task of the Church should be, definitely post-Carolinian: to be in exit, going out and encountering the wounded.  This is what Francis is doing, seeking thus to contribute to enlarging the soul of Europe.

[1] Cfr J. L. Narvaja, «La crisi di ogni politica cristiana. Erich Przywara e l’“idea di Europa”», in La Civiltà Cattolica 2016 I 437-448. Cfr also A. Spadaro, «La diplomazia di Francesco. La misericordia come processo politico», in La Civiltà Cattolica  2016 I 209-226, 218-220.
[2] E. Przywara, L’ idea d’Europa. La «crisi» di ogni politica «cristiana», Trapani, Il Pozzo di Giacobbe, 2013, 119. Cfr F. Heer, Aufgang Europas. Eine Studie zu den Zusammenhängen zwischen politischer Religiosität, Frömmigkeitsstil und dem Werden Europas im 12. Jahrhundert, Wien, Europa Verlag, 1949.
[3] F. Mandreoli – J. L. Narvaja, «Introduzione», in E. Przywara, L’ idea d’Europa. La «crisi» di ogni politica «cristiana», Trapani, Il Pozzo di Giacobbe, 2013, 55.
[4] Cfr ivi, 55; G. Zamagni, «“Tra Costantino e Hitler”. L’Europa di Friedrich Heer», in Id., Fine dell’era costantiniana. Retrospettiva genealogica di un concetto critico, Bologna, il Mulino, 2012, 55-57.
[5] G. Goubert – S. Maillard, «Le devoir du christianisme pour l’Europe, c’est le service», in La Croix, 17 maggio 2016.
[6] E. Przywara, L’ idea d’Europa…, cit., 122 s.

The gaze of Magellan: Pope Francis’ European dream

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(Brief excerpt from: A. Spadaro, «Lo sguardo di Magellano. L’Europa, Papa Francesco e il Premio Carlo Magno», in La Civiltà Cattolica 2016 II 469-479 translated by Reyanna Rice)

— What is the vision that the non European Pope has of Europe?

Pope Francis received the prestigious Charlemagne Prize May 6, 2016 . Here is the reason for the prize: «in tribute to His extraordinary commitment to favor peace, understanding, and mercy in a European Society of values».

What is the vision that the non European Pope has of Europe?  The Bergolio’s gaze is a European gaze, because his roots are in the Piedmont and his formation is radically European as well.  He himself, in his discourse, recognizes himself as a son «who rediscovers in Mother Europe his roots of life and faith».  And he is however Argentine and his ecclesial experience is Latin American.

The itinerary of his trips on the European continent began from Lampedusa–«Europe’s gate», and therefore goal of a trip more European than Italian—and from Albania, a land of Europe that is not yet part of the European Union and of an Islamic majority.  From these «peripheries» the Pope is as if rebounded briefly to the «center», that is at Strasburg, to visit the European institutions, and then continues ever to the borders: Turkey, Bosnia-Herzegovina and Lesbos, other tragic «European gates».  In October he will be at Lund, in Sweden.  Mercy for Francis is delineated politically in freedom of movement.[1]  He approaches Europe from her distant «periphery».

To understand this statement beyond every easy slogan, we read what Francis declared in an interview released by La Cárcova News, a popular magazine produced in an Argentine villa miseria: «When I speak of periphery, I speak of borders.  Normally we move in space that in one way or another we control.  This is the center.  In the measure in which we go out from the center and distance ourselves from it, we discover more things and, when we look at the center of these new things that we have discovered, new places, from these peripheries, we see that reality is different.  One thing is to observe reality from the center and another to see it from the last place where you arrived.  An example: Europe seen from Madrid in the 16th century was one thing, however when Magellan arrives at the end of the American continent, he sees Europe from a new point reached and understands another thing».[2]

resizeBergolio’s gaze is, therefore, that of Magellan, and he wants to continue to be him.  Francis wants to know Europe starting from Rome and circumnavigating the continent starting from the south and proceeding to the east and then—he will do it in October—pushing into the deep north, in Sweden.  There was not, at the moment, any short trip to the west, towards the West.

In the interview quoted he continues: «You see reality better from the periphery than from the center».  Here’s the reason for his external journey, for his circumnavigation to the borders.  This is what Francis seeks between Lampedusa, Tirana, Lesbos and Lund: the European «soul».  And the soul is not only the «center», but the pulsing and living «heart».  Francis is like a doctor who seeks to understand if the heart functions, observing if and how the blood flows everywhere, and also investigating the peripheral circulation.

Another term to express this vision is «multipolarity».  Francis said it clearly in his discourse to the Council of Europe November 25th, 2014: Europe cannot be understood in terms of a few polar «centers», because « tensions – whether constructive or divisive – are situated between multiple cultural, religious and political poles».  Multipolarity involves «striving to create a constructive harmony, one free of those pretensions to power».  Then we must think of Europe in a multifaceted manner in its relationships and tensions.  That of Francis is a non deterministic European geopolitics, aware of the fact that the redistribution of power among the principal actors does not account for the profound dynamics of the Continent.

— Europe: not a space to defend, but a process to implement

«Creativity, ingenuity and the capacity to rise above and to go beyond her own limits belong to the European soul», Francis began.  And here in his discourse immediately surfaces the reference to eccentricity, to the overcoming of limits and boundaries.  Europe is herself because she knows to go beyond herself.  Her «house» is built going beyond the ashes of «tragic conflicts, culminating in the most horrific war ever known»

This vision therefore is profoundly bound to becoming, to dialectical overcoming of walls and obstacles.  Europe is not a «thing», but a «process» still in action with «a more complex and highly mobile world».[3]  Her Fathers have «laid the foundations» an «enlightened project» that is always a work in progress.  We must therefore verify not if the house holds, but if its realization follows that wise project.  Here is the opinion of the Pope: «Their new and exciting desire to create unity seems to be fading; we, the heirs of their dream, are tempted to yield to our own selfish interests and to consider putting up fences here and there»

Why has this happened?  Because — the Pope affirmed, consistent with his approach to reality — Europe is «more concerned with preserving and dominating spaces than with generating processes of inclusion and change.  There is an impression that Europe is tending to become increasingly “entrenched”, rather than open to initiating new social processes capable of engaging all individuals and groups in the search for new and productive solutions to current problems. Europe, rather than protecting spaces, is called to be a mother who generates processes».

If Europe considers herself as a «space», then sooner or later will be—and it has already come—the moment of fear, of the fear that the space is invaded.  Space is first of all defended.  If instead Europe is to consider herself as an ongoing process, then she understands how it puts energies into movement, accepting the challenges of history.  Then even difficulties and contradictions «can become powerful forces of unity».

 

FOOTNOTES

[1] Cfr A. Spadaro, «La diplomazia di Francesco. La misericordia come processo politico», in Civ. Catt. 2016 I 209-226.
[2] That text of the audio interview is found transcribed and translated at the site http://www.terredamerica.com (10 marzo 2015).  The emphasis is ours.
[3] Pope Francis, Discorso to the European Parliament, Strasburgo, 25 novembre 2014.