Las 3 homilías más importantes del Papa Francisco a los Jesuitas

161024_gc36_pope_francis_visit_ie_1-750x420-1HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

Iglesia del Santísimo Nombre de Jesús, Roma
Miércoles 31 de julio de 2013

En esta Eucaristía en la que celebramos a nuestro padre Ignacio de Loyola, a la luz de las lecturas que hemos escuchado, desearía proponer tres sencillos pensamientos guiados por tres expresiones: poner en el centro a Cristo y a la Iglesia; dejarse conquistar por Él para servir; sentir la vergüenza de nuestras limitaciones y pecados para ser humildes ante Él y ante nuestros hermanos.

1. El escudo de nosotros, jesuitas, es un monograma, el acrónimo de «Iesus Hominum Salvator» (IHS). Cada uno de vosotros podrá decirme: ¡lo sabemos muy bien! Pero este escudo nos recuerda continuamente una realidad que jamás debemos olvidar: la centralidad de Cristo para cada uno de nosotros y para toda la Compañía, a la que san Ignacio quiso precisamente llamar «de Jesús» para indicar el punto de referencia. Por lo demás, también al comienzo de los Ejercicios Espirituales nos sitúa ante nuestro Señor Jesucristo, nuestro Creador y Salvador (cf. EE, 5). Y esto nos lleva a nosotros, jesuitas, y a toda la Compañía a estar «descentrados», a tener delante al «Cristo siempre mayor», el «Deus semper maior», el «intimior intimo meo», que nos lleva continuamente fuera de nosotros mismos, nos lleva a una cierta kenosis, a salir del «propio amor, querer e interés» (ee, 189). No está descontada la pregunta para nosotros, para todos nosotros: ¿es Cristo el centro de mi vida? ¿Pongo verdaderamente a Cristo en el centro de mi vida? Porque existe siempre la tentación de pensar que estamos nosotros en el centro. Y cuando un jesuita se pone él mismo en el centro, y no a Cristo, se equivoca. En la primera lectura Moisés repite con insistencia al pueblo que ame al Señor, que camine por sus sendas, «pues Él es tu vida» (cf. Dt 30, 16.20). ¡Cristo es nuestra vida! A la centralidad de Cristo le corresponde también la centralidad de la Iglesia: son dos fuegos que no se pueden separar: yo no puedo seguir a Cristo más que en la Iglesia y con la Iglesia. Y también en este caso nosotros, jesuitas, y toda la Compañía no estamos en el centro; estamos, por así decirlo, «desplazados», estamos al servicio de Cristo y de la Iglesia, la Esposa de Cristo nuestro Señor, que es nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica (cf. EE, 353). Ser hombres enraizados y fundados en la Iglesia: así nos quiere Jesús. No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí, caminos de investigación, caminos creativos, sí; esto es importante: ir hacia las periferias, las muchas periferias. Para esto se requiere creatividad, pero siempre en comunidad, en la Iglesia, con esta pertenencia que nos da el valor para ir adelante. Servir a Cristo es amar a esta Iglesia concreta, y servirla con generosidad y espíritu de obediencia.

2. ¿Cuál es el camino para vivir esta doble centralidad? Contemplemos la experiencia de san Pablo, que es también la experiencia de san Ignacio. El Apóstol, en la segunda lectura que hemos escuchado, escribe: me esfuerzo por correr hacia la perfección de Cristo porque también «yo he sido alcanzado por Cristo» (Flp 3, 12). Para Pablo sucedió en el camino de Damasco; para Ignacio en su casa de Loyola; pero el punto fundamental es común: dejarse conquistar por Cristo. Yo busco a Jesús, yo sirvo a Jesús porque Él me ha buscado antes, porque he sido conquistado por Él: y éste es el núcleo de nuestra experiencia. Pero Él es el primero, siempre. En español existe una palabra que es muy gráfica, que lo explica bien: Él nos «primerea». Es el primero siempre. Cuando nosotros llegamos, Él ha llegado y nos espera. Y aquí querría recordar la meditación sobre el Reino, en la segunda semana. Cristo nuestro Señor, Rey eterno, llama a cada uno de nosotros diciéndonos: «quien quisiere venir conmigo, ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena, también me siga en la gloria» (EE, 95): ser conquistado por Cristo para ofrecer a este Rey toda nuestra persona y toda nuestra fatiga (cf. EE, 96); decir al Señor querer hacer todo para su mayor servicio y alabanza, imitarle en soportar también injurias, desprecio, pobreza (cf. EE, 98). Pero pienso en nuestro hermano en Siria en este momento. Dejarse conquistar por Cristo significa tender siempre hacia aquello que tenemos de frente, hacia la meta de Cristo (cf. Flp 3, 14) y preguntarse con verdad y sinceridad: ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo? (cf. EE, 53).

3. Y llego al último punto. En el Evangelio Jesús nos dice: «Quien quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mi causa la salvará… Si uno se avergüenza de mí…» (Lc 9, 23-26). Y así sucesivamente. La vergüenza del jesuita. La invitación que hace Jesús es la de no avergonzarse nunca de Él, sino seguirle siempre con entrega total, fiándose y confiándose a Él. Pero contemplando a Jesús, como nos enseña san Ignacio en la Primera Semana, sobre todo contemplando al Cristo crucificado, sentimos ese sentimiento tan humano y tan noble que es la vergüenza de no estar a la altura; contemplamos la sabiduría de Cristo y nuestra ignorancia, su omnipotencia y nuestra debilidad, su justicia y nuestra iniquidad, su bondad y nuestra maldad (cf. EE, 59). Pedir la gracia de la vergüenza; vergüenza que me llega del continuo coloquio de misericordia con Él; vergüenza que nos hace sonrojar ante Jesucristo; vergüenza que nos pone en sintonía con el corazón de Cristo que se hizo pecado por mí; vergüenza que pone en armonía nuestro corazón en las lágrimas y nos acompaña en el seguimiento cotidiano de «mi Señor». Y esto nos lleva siempre, individualmente y como Compañía, a la humildad, a vivir esta gran virtud. Humildad que nos hace conscientes cada día de que no somos nosotros quienes construimos el Reino de Dios, sino que es siempre la gracia del Señor que actúa en nosotros; humildad que nos impulsa a ponernos por entero no a nuestro servicio o al de nuestras ideas, sino al servicio de Cristo y de la Iglesia, como vasijas de barro, frágiles, inadecuados, insuficientes, pero en los cuales hay un tesoro inmenso que llevamos y comunicamos (2 Co 4, 7). Siempre me ha gustado pensar en el ocaso del jesuita, cuando un jesuita acaba su vida, cuando declina. Y recuerdo siempre dos imágenes de este ocaso del jesuita: una clásica, la de san Francisco Javier, mirando China. El arte ha pintado muchas veces este ocaso, este final de Javier. También la literatura, en ese bello fragmento de Pemán. Al final, sin nada, pero ante el Señor; esto me hace bien: pensar en esto. El otro ocaso, la otra imagen que me viene como ejemplo, es la del padre Arrupe en el último coloquio en el campo de refugiados, cuando nos había dicho —lo que él mismo decía— «esto lo digo como si fuera mi canto del cisne: orad». La oración, la unión con Jesús. Y, después de haber dicho esto, tomó el avión, llegó a Roma con el ictus, que dio inicio a aquel ocaso tan largo y tan ejemplar. Dos ocasos, dos imágenes que a todos nosotros hará bien contemplar, y volver a estas dos. Y pedir la gracia de que nuestro ocaso sea como el de ellos.

Queridos hermanos, dirijámonos a Nuestra Señora; que Ella, que llevó a Cristo en su vientre y acompañó los primeros pasos de la Iglesia, nos ayude a poner siempre en el centro de nuestra vida y de nuestro ministerio a Cristo y a su Iglesia; que Ella, que fue la primera y más perfecta discípula de su Hijo, nos ayude a dejarnos conquistar por Cristo para seguirle y servirle en cada situación; que Ella, que respondió con la humildad más profunda al anuncio del Ángel: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38), nos haga experimentar la vergüenza por nuestra indigencia frente al tesoro que nos ha sido confiado, para vivir la humildad ante Dios. Que acompañe nuestro camino la paterna intercesión de san Ignacio y de todos los santos jesuitas, que continúan enseñándonos a hacer todo, con humildad, ad maiorem Dei gloriam.

jesuitssymbolSANTA MISA EN EL DÍA DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Iglesia del Gesù, Roma
Viernes 3 de enero de 2014

San Pablo nos dice, lo hemos escuchado: «Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo» (Flp 2, 5-7). Nosotros, jesuitas, queremos ser galardonados en el nombre de Jesús, militar bajo el estandarte de su Cruz, y esto significa: tener los mismos sentimientos de Cristo. Significa pensar como Él, querer como Él, mirar como Él, caminar como Él. Significa hacer lo que hizo Él y con sus mismos sentimientos, con los sentimientos de su Corazón.

El corazón de Cristo es el corazón de un Dios que, por amor, se «vació». Cada uno de nosotros, jesuitas, que sigue a Jesús debería estar dispuesto a vaciarse de sí mismo. Estamos llamados a este abajamiento: ser de los «despojados». Ser hombres que no deben vivir centrados en sí mismos porque el centro de la Compañía es Cristo y su Iglesia. Y Dios es el Deus semper maior, el Dios que nos sorprende siempre. Y si el Dios de las sorpresas no está en el centro, la Compañía se desorienta. Por ello, ser jesuita significa ser una persona de pensamiento incompleto, de pensamiento abierto: porque piensa siempre mirando al horizonte que es la gloria de Dios siempre mayor, que nos sorprende sin pausa. Y ésta es la inquietud de nuestro abismo. ¡Esta santa y bella inquietud!

Pero, porque somos pecadores, podemos preguntarnos si nuestro corazón ha conservado la inquietud de la búsqueda o si, en cambio, se ha atrofiado; si nuestro corazón está siempre en tensión: un corazón que no se acomoda, no se cierra en sí mismo, sino que late al ritmo de un camino que se realiza junto a todo el pueblo fiel de Dios. Es necesario buscar a Dios para encontrarlo, y encontrarlo para buscarlo aún y siempre. Sólo esta inquietud da paz al corazón de un jesuita, una inquietud también apostólica, no nos debe provocar cansancio de anunciar el kerygma, de evangelizar con valentía. Es la inquietud que nos prepara para recibir el don de la fecundidad apostólica. Sin inquietud somos estériles.

Ésta es la inquietud que tenía Pedro Fabro, hombre de grandes deseos, otro Daniel. Fabro era un «hombre modesto, sensible, de profunda vida interior y dotado del don de entablar relaciones de amistad con personas de todo tipo» (Benedicto XVI, Discurso a los jesuitas, 22 de abril de 2006). Pero era también un espíritu inquieto, indeciso, jamás satisfecho. Bajo la guía de san Ignacio aprendió a unir su sensibilidad inquieta pero también dulce, diría exquisita, con la capacidad de tomar decisiones. Era un hombre de grandes aspiraciones; se hizo cargo de sus deseos, los reconoció. Es más, para Fabro es precisamente cuando se proponen cosas difíciles cuando se manifiesta el auténtico espíritu que mueve a la acción (cf. Memorial, 301). Una fe auténtica implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo. He aquí la pregunta que debemos plantearnos: ¿también nosotros tenemos grandes visiones e impulsos? ¿También nosotros somos audaces? ¿Vuela alto nuestro sueño? ¿Nos devora el celo? (cf. Sal 69, 10) ¿O, en cambio, somos mediocres y nos conformamos con nuestras programaciones apostólicas de laboratorio? Recordémoslo siempre: la fuerza de la Iglesia no está en ella misma y en su capacidad de organización, sino que se oculta en la aguas profundas de Dios. Y estas aguas agitan nuestros deseos y los deseos ensanchan el corazón. Es lo que dice san Agustín: orar para desear y desear para ensanchar el corazón. Precisamente en los deseos Fabro podía discernir la voz de Dios. Sin deseos no se va a ninguna parte y es por ello que es necesario ofrecer los propios deseos al Señor. En las Constituciones dice que «se ayuda al prójimo con los deseos presentados a Dios, nuestro Señor» (Constituciones, 638).

Fabro tenía el auténtico y profundo deseo de «estar dilatado en Dios»: estaba completamente centrado en Dios, y por ello podía ir, en espíritu de obediencia, a menudo también a pie, por todos los lugares de Europa, a dialogar con todos con dulzura, y a anunciar el Evangelio. Me surge pensar en la tentación, que tal vez podemos tener nosotros y que muchos tienen, de relacionar el anuncio del Evangelio con bastonazos inquisidores, de condena. No, el Evangelio se anuncia con dulzura, con fraternidad, con amor. Su familiaridad con Dios le llevaba a comprender que la experiencia interior y la vida apostólica van siempre juntas. Escribe en su Memorial que el primer movimiento del corazón debe ser el de «desear lo que es esencial y originario, es decir, que el primer lugar se deje a la solicitud perfecta de encontrar a Dios nuestro Señor» (Memorial, 63). Fabro experimenta el deseo de «dejar que Cristo ocupe el centro del corazón» (Memorial, 68). Sólo si se está centrado en Dios es posible ir hacia las periferias del mundo. Y Fabro viajó sin descanso incluso a las fronteras geográficas, que se decía de él: «Parece que nació para no estar quieto en ninguna parte» (mi, Epistolae i, 362). A Fabro le devoraba el intenso deseo de comunicar al Señor. Si nosotros no tenemos su mismo deseo entonces necesitamos detenernos en oración y, con fervor silencioso, pedir al Señor, por intercesión de nuestro hermano Pedro, que vuelva a fascinarnos: esa fascinación por el Señor que llevaba a Pedro a todas estas «locuras» apostólicas.

Nosotros somos hombres en tensión, somos también hombres contradictorios e incoherentes, pecadores, todos. Pero hombres que quieren caminar bajo la mirada de Jesús. Somos pequeños, somos pecadores, pero queremos militar bajo el estandarte de la Cruz en la Compañía galardonada con el nombre de Jesús. Nosotros, que somos egoístas, queremos también vivir una vida agitada por grandes deseos. Renovemos así nuestra oblación al Eterno Señor del universo para que con la ayuda de su Madre gloriosa podamos querer, desear y vivir los sentimientos de Cristo que se despojó de sí mismo. Como escribía Pedro Fabro, «no busquemos nunca en esta vida un nombre que no se relacione con el de Jesús» (Memorial, 205). Y pidamos a la Virgen ser puestos con su Hijo.
 

Pope Francis visits delegates of General Congregation 36.
Pope Francis visits delegates of General Congregation 36.

CELEBRACIÓN DE LAS VÍSPERAS Y TE DEUM
EN EL BICENTENARIO DE LA
RESTAURACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Iglesia del “Gesù”, Roma
Sábado 27 de septiembre de 2014

Queridos hermanos y amigos en el Señor:

La Compañía distinguida con el nombre de Jesús vivió tiempos difíciles, de persecución. Durante el generalato del padre Lorenzo Ricci «los enemigos de la Iglesia lograron obtener la supresión de la Compañía» (Juan Pablo II, Mensaje al padre Kolvenbach, 31 de julio de 1990) por parte de mi predecesor Clemente XIV. Hoy, recordando su reconstitución, estamos llamados a recuperar nuestra memoria, a hacer memoria, teniendo presentes los beneficios recibidos y los dones particulares (cf. Ejercicios Espirituales, 234). Y hoy quiero hacerlo con vosotros aquí.

En tiempos de tribulación y desconcierto se levanta siempre una polvareda de dudas y sufrimientos, y no es fácil ir adelante, proseguir el camino. Sobre todo en los tiempos difíciles y de crisis se dan tantas tentaciones: detenerse para discutir sobre ideas, dejarse llevar por la desolación, concentrarse en el hecho de ser perseguidos, y no ver otra cosa. Leyendo las cartas del padre Ricci, me ha impresionado mucho un aspecto: su capacidad de no caer en la trampa de estas tentaciones y proponer a los jesuitas, en tiempo de tribulación, una visión de las cosas que los arraigaba aún más en la espiritualidad de la Compañía.

El padre general Ricci, que escribía a los jesuitas de entonces viendo las nubes que ensombrecían el horizonte, fortalecía su pertenecía al cuerpo de la Compañía y su misión. Por tanto, hizo discernimiento en un tiempo de confusión y desconcierto. No perdió tiempo en discutir sobre ideas y en quejarse, sino que se hizo cargo de la vocación de la Compañía. Debía protegerla, y se hizo cargo de ella.

Y esta actitud llevó a los jesuitas a experimentar la muerte y la resurrección del Señor. Ante la pérdida de todo, incluso de su identidad pública, no se resistieron a la voluntad de Dios, no se resistieron al conflicto, tratando de salvarse a sí mismos. La Compañía —y esto es hermoso— vivió el conflicto hasta sus últimas consecuencias, sin reducirlo: vivió la humillación con Cristo humillado, obedeció. Jamás uno se salva del conflicto con la astucia y las estratagemas para resistir. En la confusión y ante la humillación, la Compañía prefirió vivir el discernimiento de la voluntad de Dios, sin buscar un modo de salir del conflicto en una condición aparentemente tranquila. O, al menos, elegante: no lo hizo.

Jamás la aparente tranquilidad colma nuestro corazón, sino la verdadera paz que es don de Dios. No se debe buscar nunca la «componenda» fácil ni poner en práctica fáciles «irenismos». Solo el discernimiento nos salva del verdadero desarraigo, de la verdadera «supresión» del corazón, que es el egoísmo, la mundanidad, la pérdida de nuestro horizonte, de nuestra esperanza, que es Jesús, que es solo Jesús. Y así el padre Ricci y la Compañía, en fase de supresión, prefirieron la historia a una posible «historieta» gris, sabiendo que el amor juzga a la historia, y que la esperanza —incluso en la oscuridad— es más grande que nuestras expectativas.

El discernimiento debe hacerse con recta intención, con mirada sencilla. Por eso el padre Ricci, precisamente en aquella ocasión de confusión y extravío, habla de los pecados de los jesuitas. Parece hacer publicidad en contra. No se defiende sintiéndose víctima de la historia, sino que se reconoce pecador. Mirarse a sí mismo, reconociéndose pecador, evita la actitud de considerarse víctima ante un verdugo. Reconocerse pecador, reconocerse verdaderamente pecador, significa asumir la actitud justa para recibir el consuelo.

Podemos repasar brevemente este camino de discernimiento y de servicio que el padre general indicó a la Compañía. Cuando en 1759 los decretos de Pombal destruyeron las provincias portuguesas de la Compañía, el padre Ricci vivió el conflicto sin quejarse y sin abandonarse a la desolación; al contrario, invitó a rezar para pedir el espíritu bueno, el verdadero espíritu sobrenatural de la vocación, la docilidad perfecta a la gracia de Dios. Cuando en 1761 la tormenta avanzaba en Francia, el padre general pidió poner toda la confianza en Dios. Quería que se aprovecharan las pruebas soportadas para una mayor purificación interior: ellas nos conducen a Dios y pueden servir para su mayor gloria; además, recomienda la oración, la santidad de la vida, la humildad y el espíritu de obediencia. En 1767, después de la expulsión de los jesuitas españoles, sigue invitando a rezar. Y en fin, el 21 de febrero de 1773, apenas seis meses antes de la firma del Breve Dominus ac Redemptor, ante la falta total de ayuda humana, ve la mano de la misericordia de Dios que, a quienes pone a prueba, invita a no confiar en otros sino sólo en Él. La confianza debe aumentar precisamente cuando las circunstancias nos tiran por el suelo. Lo importante para el padre Ricci es que la Compañía sea fiel hasta las últimas consecuencias al espíritu de su vocación, que es la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

La Compañía, incluso ante su mismo fin, permaneció fiel al fin por el cual había sido fundada. Por eso Ricci concluye con una exhortación a mantener vivo el espíritu de caridad, de unión, de obediencia, de paciencia, de sencillez evangélica, de verdadera amistad con Dios. Todo lo demás es mundanidad. Que el fuego de la mayor gloria de Dios nos atraviese también hoy, quemando toda complacencia y envolviéndonos en una llama que tenemos dentro, que nos concentra y nos expande, nos engrandece y nos empequeñece.

Así, la Compañía vivió la prueba suprema del sacrificio que injustamente se le pedía haciendo suya la oración de Tobit, quien abatido por el dolor suspira, llora e implora: «Eres justo, Señor, y justas son tus obras; siempre actúas con misericordia y fidelidad, tú eres juez del universo. Acuérdate, Señor, de mí y mírame; no me castigues por los pecados y errores que yo y mis padres hemos cometido. Hemos pecado en tu presencia, hemos transgredido tus mandatos y tú nos has entregado al saqueo, al cautiverio y a la muerte, hasta convertirnos en burla y chismorreo, en irrisión para todas las naciones entre las que nos has dispersado». Y concluye con la petición más importante: «Señor, no me retires tu rostro» (Tb 3, 1-4.6d).

Y el Señor respondió mandando a Rafael a quitar las manchas blancas de los ojos de Tobit, para que volviera a ver la luz de Dios. Dios es misericordioso, Dios corona de misericordia. Dios nos quiere y nos salva. A veces el camino que conduce a la vida es estrecho, pero la tribulación, si la vivimos a la luz de la misericordia, nos purifica como el fuego, nos da tanto consuelo e inflama nuestro corazón, aficionándolo a la oración. Durante la supresión, nuestros hermanos jesuitas fueron fervorosos en el espíritu y en el servicio al Señor, gozosos en la esperanza, constantes en la tribulación, perseverantes en la oración (cf. Rm 12, 12). Y esto honró a la Compañía, no ciertamente el encomio de sus méritos. Así será siempre.

Recordemos nuestra historia: a la Compañía se le ha concedido, «gracias a Cristo, no sólo el don de creer en Él, sino también el de sufrir por Él» (Flp 1, 29). Nos hace bien recordar esto.

La nave de la Compañía fue sacudida por las olas, y esto no debe maravillarnos. También la barca de Pedro puede ser sacudida hoy. La noche y el poder de las tinieblas están siempre cerca. Es fatigoso remar. Los jesuitas deben ser «remeros expertos y valerosos» (Pío VII, Sollicitudo omnium ecclesiarum): ¡remad, pues! Remad, sed fuertes, incluso con el viento en contra. Rememos al servicio de la Iglesia. Rememos juntos. Pero, mientras remamos —todos remamos, también el Papa rema en la barca de Pedro—, debemos rezar mucho: «Señor, ¡sálvanos!», «Señor, ¡salva a tu pueblo!». El Señor, aunque somos hombres de poca fe y pecadores, nos salvará. Esperemos en el Señor. Esperemos siempre en el Señor.

La Compañía reconstituida por mi predecesor Pío VII estaba formada por hombres valientes y humildes en su testimonio de esperanza, de amor y de creatividad apostólica, la del Espíritu. Pío VII escribió que quería reconstituir la Compañía para «proveer de manera adecuada a las necesidades espirituales del mundo cristiano sin diferencia de pueblos ni de naciones» (ibid.). Por eso dio la autorización a los jesuitas que aun existían, acá y allá, gracias a un soberano luterano y a una soberana ortodoxa, «para que permanecieran unidos en un solo cuerpo». Que la Compañía permanezca unida en un solo cuerpo.

Y la Compañía fue inmediatamente misionera y se puso a disposición de la Sede apostólica, comprometiéndose generosamente «bajo el estandarte de la cruz por el Señor y su Vicario en la tierra» (Formula Instituti, 1). La Compañía retomó su actividad apostólica con la predicación y la enseñanza, los ministerios espirituales, la investigación científica y la acción social, las misiones y el cuidado de los pobres, de los que sufren y de los marginados.

Hoy la Compañía afronta con inteligencia y laboriosidad también el trágico problema de los refugiados y los prófugos; y se esfuerza con discernimiento por integrar el servicio de la fe y la promoción de la justicia, en conformidad con el Evangelio. Confirmo hoy lo que nos dijo Pablo VI en nuestra trigésima segunda congregación general y que yo mismo escuché con mis oídos: «Dondequiera en la Iglesia, incluso en los campos más difíciles y en vanguardia, en las encrucijadas de las ideologías, en las trincheras sociales, donde ha habido y hay enfrentamiento entre las exigencias estimulantes del hombre y el mensaje perenne del Evangelio, allí han estado y están los jesuitas» (Enseñanzas al Pueblo de Dios XII [1974], 1881). Son palabras proféticas del futuro beato Pablo VI.

En 1814, en el momento de la reconstitución, los jesuitas eran una pequeña grey, una «Compañía mínima» que, sin embargo, después de la prueba de la cruz, sabía que tenía la gran misión de llevar la luz del Evangelio hasta los confines de la tierra. Por tanto, hoy debemos sentirnos así: en salida, en misión. La identidad del jesuita es la de un hombre que adora a Dios sólo y ama y sirve a sus hermanos, mostrando con el ejemplo no sólo en qué cree, sino también en qué espera y quién es Aquel en el que ha puesto su confianza (cf. 2 Tm 1, 12). El jesuita quiere ser un compañero de Jesús, uno que tiene los mismos sentimientos de Jesús.

La bula de Pío VII que reconstituía la Compañía fue firmada el 7 de agosto de 1814 en la basílica de Santa María la Mayor, donde nuestro santo padre Ignacio celebró su primera Eucaristía la noche de Navidad de 1538. María, nuestra Señora, Madre de la Compañía, se sentirá conmovida por nuestros esfuerzos por estar al servicio de su Hijo. Que ella nos guarde y nos proteja siempre.

Selección de la entrevista con el Papa Francisco realizada por Antonio Spadaro para las revistas culturales de la Compañía de Jesús en agosto de 2013

El discernimiento es, por tanto, un pilar de la espiritualidad del Papa. Esto es algo que expresa de forma especial su identidad de jesuita. En consecuencia, le pregunto cómo puede la Compañía de Jesús servir a la Iglesia de hoy, con qué rasgos peculiares, y también cuáles son los riesgos que le pueden amenazar.

«La Compañía es una institución en tensión, siempre radicalmente en tensión. El jesuita es un descentrado. La Compañía en sí misma está descentrada: su centro es Cristo y su Iglesia. Por tanto, si la Compañía mantiene en el centro a Cristo y a la Iglesia, tiene dos puntos de referencia en su equilibrio para vivir en la periferia. Pero si se mira demasiado a sí misma, si se pone a sí misma en el centro, sabiéndose una muy sólida y muy bien “armada” estructura, corre peligro de sentirse segura y suficiente. La Compañía tiene que tener siempre delante el Deus Semper maior, la búsqueda de la Gloria de Dios cada vez mayor, la Iglesia Verdadera Esposa de Cristo nuestro Señor, Cristo Rey que nos conquista y al que ofrecemos nuestra persona y todos nuestros esfuerzos, aunque seamos poco adecuados vasos de arcilla. Esta tensión nos sitúa continuamente fuera de nosotros mismos. El instrumento que hace verdaderamente fuerte a una Compañía descentrada es la realidad, a la vez paterna y materna, de la “cuenta de conciencia”, y precisamente porque le ayuda a emprender mejor la misión».

Aquí el Papa hace referencia a un punto específico de las Constituciones de la Compañía de Jesús, que dice que el jesuita debe «manifestar su conciencia», es decir, la situación interior que vive, de modo que el superior pueda obrar con conocimiento más exacto al enviar una persona a su misión.

«Pero es difícil hablar de la Compañía —prosigue el Papa Francisco—. Si somos demasiado explícitos, corremos el riesgo de equivocarnos. De la Compañía se puede hablar solamente en forma narrativa. Sólo en la narración se puede hacer discernimiento, no en las explicaciones filosóficas o teológicas, en las que es posible la discusión. El estilo de la Compañía no es la discusión, sino el discernimiento, cuyo proceso supone obviamente discusión. El aura mística jamás define sus bordes, no completa el pensamiento. El jesuita debe ser persona de pensamiento incompleto, de pensamiento abierto. Ha habido etapas en la vida de la Compañía en las que se ha vivido un pensamiento cerrado, rígido, más instructivo-ascético que místico: esta deformación generó el Epítome del Instituto».

Con esto el Papa alude a una especie de resumen práctico, en uso en la Compañía y formulado en el siglo XX, que llegó a ser considerado como sustituto de las Constituciones. La formación que los jesuitas recibían sobre la Compañía, durante un tiempo, venía marcada por este texto, hasta el punto que alguno podía no haber leído nunca las Constituciones, que constituyen el texto fundacional. Según el Papa, durante este período en la Compañía las reglas han corrido el peligro de ahogar el espíritu, saliendo vencedora la tentación de explicitar y hacer demasiado claro el carisma.

Prosigue: «No. El jesuita piensa, siempre y continuamente, con los ojos puestos en el horizonte hacia el que debe caminar, teniendo a Cristo en el centro. Esta es su verdadera fuerza. Y esto es lo que empuja a la Compañía a estar en búsqueda, a ser creativa, generosa. Por eso hoy más que nunca ha de ser contemplativa en la acción; tiene que vivir una cercanía profunda a toda la Iglesia, entendida como “pueblo de Dios” y “santa madre Iglesia jerárquica”. Esto requiere mucha humildad, sacrificio y valentía, especialmente cuando se viven incomprensiones o cuando se es objeto de equívocos y calumnias; pero es la actitud más fecunda. Pensemos en las tensiones del pasado con ocasión de los ritos chinos o los ritos malabares, o lo ocurrido en las reducciones del Paraguay».

«Yo mismo soy testigo de incomprensiones y problemas que la Compañía ha vivido aun en tiempo reciente. Entre estas estuvieron los tiempos difíciles en que surgió la cuestión de extender el “cuarto voto” de obediencia al Papa a todos los jesuitas. Lo que a mí me daba seguridad en tiempos del padre Arrupe era que se trataba de un hombre de oración, un hombre que pasaba mucho tiempo en oración. Lo recuerdo cuando oraba sentado en el suelo, como hacen los japoneses. Eso creó en él las actitudes convenientes e hizo que tomara las decisiones correctas».

J. M. Bergoglio sulla poesia: ha dimora di carne e peso di ali non ancora spiegate in volo

2014_03_27_18_06_19Il 19 settembre 2016 è morto p. Osvaldo Pol, gesuita argentino e poeta.

L’allora rettore del Colegio Máximo San José era p. Jorge Mario Bergoglio. Fu lui a scrivere una prefazione breve a una raccolta di sue poesie dal titolo De destierros y moradas.

In questo breve intervento il futuro Papa Francesco, ispirato dalla poesia del confratello, dà una definizione della parola poetica che colpisce per densità.

— Qui è riprodotto il testo di p. Bergoglio tradotto in italiano, a seguire l’originale e quindi alcune poesie di Osvaldo Pol.

PREFAZIONE DI P. JORGE MARIO BERGOGLIO
Padre Osvaldo Pol, gesuita, ex alunno e oggi professore, ha scritto quasi tutti questi sonetti qui, a casa sua. Alcuni sono già stati pubblicati, altri appaiono per la prima volta.

Le facoltà di Filosofia e Teologia sono liete di presentare questo libro di sonetti dove, in linguaggio poetico, si esprime la sapienza teologica, che è il frutto più apprezzato dalla Compagnia di Gesù nel suo impegno accademico.

Può sembrare paradossale che un poeta parli, con linguaggio della terra, di esiliati dalla terra. Può sembrare paradossale ma non lo è, perché la parola poetica ha dimore di carne nel cuore dell’uomo e – al tempo stesso – sente il peso di ali che ancora non hanno spiccato il volo. Arduo dilemma, questo, che santa Teresa esprime poeticamente e misticamente: “Com’è duro quest’esilio!”.

San Miguel, 20 giugno 1981, nel cinquantenario del Colegio Máximo San José

Jorge Mario Bergoglio, S.I.

Rettore

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PROLOGO DEL P. JORGE MARIO BERGOGLIO

El Padre Osvaldo Pol, jesuita, ex-alumno y actual profesor, escribió casi todos estos sonetos en esta, su casa. Algunos fueron ya publicados, otros aparecen por primera vez.

Las Facultades de Filosofía y Teología se alegran en presentar este libro de sonetos donde, en lenguaje poético, se expresa la sabiduría teológica, que es el fruto más valorado por la Compañía de Jesús en su esfuerzo académico.

Parece paradójico que un poeta hable, con lenguaje de la tierra, de destierros. Parece paradójico pero no lo es, porque la palabra poética tiene moradas de carne en el corazón del hombre y -a la vez- siente la pesantez de una alas que todavía no han remontado su vuelo. Trabajoso dilema éste que expresa mística y poéticamente Santa Teresa: «qué duros estos destierros!»

San Miguel, 20 de junio de 1981, en el cincuentenario del Colegio Máximo de San José

Jorge Mario Bergoglio, S. J.

Rector

PREFACE OF FR. JORGE MARIO BERGOGLIO

Father Osvaldo Pol, Jesuit, former student and today professor, has written almost all these sonnets here, at his home.  Some are already published, others appear for the first time.

The faculty of Philosophy and Theology are pleased to present this book of sonnets where, in poetic language, theological wisdom is expressed, which is the fruit most appreciated by the Society of Jesus in his academic commitment.

It can seem paradoxical that a poet speaks, with the language of the land, of the exiles of the land.  It can seem paradoxical but it is not, because the poetic word has dwellings of flesh in the heart of man and—at the same time—it feels the weight of wings that have not yet taken flight.  Arduous dilemma, this, that St Therese expressed poetically and mystically: «How hard is this exile!»

San Miguel, June 20, 1981, the fiftieth anniversary of the Colegio Máximo San José

Jorge Mario Bergoglio, S. J.

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POESIE DI OSVALDO POL

Sólo una muerte. Sólo una vida

Sólo una muerte para tanta vida.
Sólo una noche sosegada y larga
para abarcar los días con su carga
de ansiedad y memoria sostenida.

Nos bastará una sola muerte erguida
sobre la luz que envuelve y aletarga.
Sólo una muerte aséptica y amarga
para esta fiebre que cabalga henchida,

para esta libertad irrefrenable,
para esta guerra a que la sangre llama,
para este ardido viaje de la suerte,

para este grito tenso, inabarcable,
para este hambre que devora y clama…
Sólo una vida para tanta muerte.
La vida, la vida es

¿Por dónde puede la mañana asirse
y describir su vuelo la esperanza?
¿Por qué caminos la inquietud alcanza
la patria de la paz donde abatirse?

Sueñan los sueños cómo al viento unirse
y arribar a una lenta playa mansa.
La fiebre se hace fuego y no descansa
empujando la sangre hasta esparcirse.

Y la vida, la vida es este abrirse
hacia lo otro dolorosamente.
Es golpear en las puertas hasta herirse.

Es saber que la muerte torpemente
querrá cercarnos. Y a la vez sentirse
vivos por siempre, empecinadamente.

 

La experiencia

La experiencia
Consiste
en intentar que el pájaro regrese
desde el extremo opuesto de la noche
y pose su cansancio
sobre tu abierto pecho adolescente.

Lo tomas en tus manos,
lo acaricias,
extraes de sus alas todo el viento
y mientras él se entrega a lo innombrable
tú te dejas volar.

Es fácil la experiencia.
Lo difícil
es dar con el momento
que te permita asesinar al pájaro
sin morir a su lado de tristeza.

 

Saber perder… es la sabiduría?

Decir adiós un día y otro día…
Dar por perdido lo que fué logrado.
Sentir que el verbo amar nos ha mostrado,
el corazón de la melancolía…

Ya no será lo mismo la alegría,
para siempre, sabremos que a su lado,
hay una sombra, un tiempo demarcado…
una puerta cerrada a la porfía.

Y no debe importar,
a lo acabado, le quedan mil comienzos todavía…
Aunque oscuro y desolado ande el sol…

Decir adios, negarse a la osadía
de pretender lo que nos fue negado…
Saber perder es la sabiduría.

 

Dios calla

Pudo sernos dolor y fue alegría.
Final… y fue comienzo y alborada.
Porque a veces se da… y frente a la nada
La plenitud nos crece como un día

Que no va hacia la noche y su acabada
Sombra tenaz, amenazante y fría,
Sino día que esgrime la osadía
De ser luz, sólo luz empecinada.

Pudo sernos aquello que temía
El corazón cuando agotado estalla
En la desesperanza y la agonía
Que lo aleja de Dios… Pero Dios calla
Para decirnos más. Y se extasía
Feliz el corazón tras su muralla.

 

Oración

Sentir que el vuelo encuentra su sentido
dejando lejos la inquietud que ha abierto
tanto indagar la noche en el incierto
ir y venir del corazón dolido.
Dejar que el alma se remanse. Henchido
abrir el pecho hacia el seguro puerto.
Y sembrarme a la sombra de ese huerto
que para mí tan solo ha florecido.
Tocar a Dios. Sentirme de Él tocado.
Y comprender entonces boquiabierto
el por qué y para qué de mi latido.
Y descubrir que el vuelo se ha trocado
en un vuelo más alto. Y que el desierto
era el solo refugio apetecido.

 

 

——

Los años van simplificando el caos.
Antes las cosas divagaban
de uno al otro extremo de mi cuarto.
Ni mías ni de sí mismas.
Ahora están afincándose seguras
aquí y allá
con recatados títulos y razones discretas,
apropiándose puestos y lugares,
imponiéndome su orden
y su método.
¿Será parte de la vida esta manera nueva
en que las cosas
van dictándome pautas de respeto,
sacralidades que antes no percibía,
grietas de donde viene la luz
y me reclaman?
¿O no será que llega
la hora de las despedidas?
Los libros, los retratos y las lámparas
que creí dominar
hoy me poseen.
La maravilla es que estoy a gusto.

 

***
Un ringraziamento a Emmanuel Sicre SJ che mi ha fatto conoscere la poesia di p. Pol 
Un ringraziamento a Giuseppe Romano per la traduzione in italiano
Un ringraziamento a Reyanna Rice per la traduzione in inglese

 

La mirada de BERGOGLIO es la de MAGELLANES

MIGRACIONES, HUMANISMO Y CIVILIZACIÓN. Habla el General de la Compañía de Jesús

13043756_10154040791007508_6538184255095683394_nAdolfo Nicolás, S.J.

Traducción de “Migrazioni, umanesimo e civiltà”, alocución reproducida en La Civiltà Cattolica, nº 3976, 27/02/2016. pp. 313-315.

El 14 de enero de 2016, la iglesia del Gesù en Roma acogió, en un conmovedor clima de oración y de escucha, los testimonios vitales de numerosos refugiados. Se vivió así, desde la solidaridad y la cercanía, la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. Reproducimos aquí la intervención improvisada del P. Adolfo Nicolás, Superior general de la Compañía de Jesús, durante su encuentro con los inmigrantes, refugiados y voluntarios del Centro Astalli, institución del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS).

Sin duda, tendríamos que estar agradecidos a los migrantes que llegan a Italia y a Europa por un motivo: nos ayudan a descubrir el mundo. He vivido en Japón durante más de treinta años y he trabajado cuatro años en un centro para inmigrantes. La mayoría de ellos no disponía de papeles en regla, así que puedo hablar por experiencia propia. Y, precisamente desde la luz de lo que he vivido, lo confirmo: las migraciones son una verdadera fuente de beneficios para el país. Lo han sido siempre, por encima de las dificultades y las incomprensiones.

La comunicación entre las diversas civilizaciones se alcanza, de hecho, a través de los refugiados y de los migrantes; así es como se ha formado el mundo que conocemos. No ha sido solo el hecho de sumar una cultura a otra: se ha producido una verdadera transformación. Eso es lo que nos enseña la Historia. También las religiones: el cristianismo, el islam y el judaísmo se han difundido por el mundo gracias a los migrantes que abandonaron su país y se desplazaron de un sitio a otro.

Por eso les debemos estar agradecidos, porque nos han “dado” el mundo. Sin ellos estaríamos encerrados dentro de nuestra propia cultura, conviviendo con nuestros prejuicios y con nuestras limitaciones. Un país siempre corre el riesgo de encerrarse en horizontes muy estrechos, muy pequeños. Pero gracias a ellos, nuestro corazón puede abrirse y también nuestro propio país puede abrirse a dinámicas nuevas.

Conocer y ser conscientes de los problemas comunes y cotidianos, caer en la cuenta de nuestra interdependencia, nos une en la tarea de llegar a ser hombres y mujeres. Son los migrantes los que han levantado un país como Estados Unidos en el que se ha desarrollado la democracia. Esto no es fruto del azar, se debe a ese melting pot que se ha producido, un crisol de culturas y de personas que ha dado origen a un país así. Hay otros muchos casos en el mundo: Argentina, por ejemplo, y muchos otros.

Así pues, los migrantes podrían ayudarnos a abrir el corazón, a ser más grandes que nosotros mismos. Y eso es un don extraordinario. Por tanto, no son solo huéspedes, son gente que puede alentar la vida civil, ofrecer una aportación notable a la cultura y a sus profundos cambios. Precisamente gracias a ellos continúa enraizándose el humanismo. Tendríamos que ser conscientes de eso.
13015602_10154040790512508_1248335829081786822_nUn obispo japonés, comentado el versículo del Evangelio “yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6), decía que la enseñanza de Jesús se puede aplicar también a otras religiones. Yo mismo, como Superior general de los jesuitas, tengo que viajar con frecuencia por el mundo y constato que este obispo tenía razón. Asia en particular muy bien podría considerarse como “el camino”. En Asia el empeño constante es buscar el camino, el “cómo”: cómo hacer yoga, cómo concentrarse, cómo meditar. El yoga, el zen, las religiones, el judo ─que suele traducirse como “el camino del débil”, porque se sirve de la fuerza del otro─ son todos considerados como caminos. Sin entrar en comparaciones, habría que considerar que Europa y los Estados Unidos andan preocupados especialmente por “la verdad”; mientras que América Latina y África están preocupados por “la vida”; los valores relacionados con la vida son muy importantes. Por ello tenemos necesidad de todos, porque todos tienen una sabiduría y una contribución que hacer a la humanidad.

Ha llegado el momento en que debemos pensar en la humanidad como un todo y no como un conjunto de diversos países, separados unos de otros por sus tradiciones, sus culturas y sus prejuicios. Tendríamos que pensar en una humanidad que necesita a Dios, que necesita un modo de profundidad que solo puede venir de la unión de todos. Así que tendríamos que estar agradecidos por esta contribución de los migrantes y refugiados a esa humanidad integral. Ellos nos hacen caer en la cuenta de que la humanidad no está formada solo por una parte, sino que se forma con la contribución de todos.

Además, ellos son, al propio tiempo, la parte más débil y más fuerte de la humanidad. La más débil porque han experimentado el miedo, la violencia, la soledad y los prejuicios de los otros; todo esto forma parte de su experiencia, bien lo sabemos. Pero nos muestran también la parte más fuerte de la humanidad: nos hacen comprender cómo superar el miedo, con el coraje de afrontar los riesgos que no todos estaríamos dispuestos a afrontar. En sus esperanzas de futuro, han aprendido a no dejarse paralizar por las dificultades. Han sabido superar la soledad mediante la solidaridad, ayudando a los otros y han demostrado así que la humanidad es débil, pero puede ser fuerte. Nos han enseñado incluso que hay valores y realidades más profundas que las que habíamos perdido. Esto es habitual cuando se viven situaciones extremas.

Me acuerdo a este respecto de la experiencia de un hermano mío que vive en Estados Unidos. Mientras ardía una casa vecina, temió que el fuego llegase a su propia vivienda. Y me confesó que, mientras era presa del miedo, aprendió a distinguir lo que era importante de lo que no lo era. No corrió a poner a salvo el dinero, sino que agarró un fajo de fotografías que representaban sus raíces y su vida. En ese momento entendió que lo más importante es lo que guardaba dentro de sí mismo y no lo de fuera, ni siquera la propia casa. Todo eso lo experimentan también los refugiados: han visto el peligro de cara y lo han afrontado. Pensemos al menos por un momento: si no tuviésemos ya una casa, una familia, una lengua… si tuviésemos solo la vida y ésta incluso amenazada, ¿qué haríamos? ¿qué pensaríamos? ¿qué o a quiénes amaríamos?

Celebramos este año el Año de la Misericordia, un concepto central en muchas religiones. En el cristianismo, en el islam, en el judaísmo y en todas las grandes religiones, la misericordia es un concepto muy importante. Sin ella no se puede vivir y los migrantes y refugiados nos muestran precisamente uno de sus rostros. Cuando alguien lo tiene todo, puede ser misericordioso sin miedo, pero cuando una persona no tiene nada y, aún así, se muestra misericordioso con otra, está dando mucho más y el rostro de la misericordia se vuelve en este caso todavía más real.

De este modo, podríamos aprender de los migrantes y refugiados a ser misericordiosos con los otros. Aprendamos de ellos a ser humanos a pesar de todo. Aprendamos de ellos a tener como horizonte el mundo y no nuestra pequeña y estrecha cultura. Aprendamos de ellos a ser personas del mundo.

(Traducción: Juan V. Fernández de la Gala)

 

Why did Pope Francis join Instagram?

Pope Francis is on Instagram since March 13, 2013

Pope Francis “landed” on Instagram Saturday, March 19, 2016.  In reality, figure out one thing right away: Pope Francis was already on Instagram.  In the sense that he is from when he looked out for the first time from the loggia for blessings, immediately after his election.  IMG_6350We must in fact understand that we are not on the social network only when we open a personal (or institutional) account, but when others talk about us and share our words and our presence on their social network

From when Pope Francis looked out from the loggia for blessings, photos with cell phones and tablets were shot that immediately ended up on social networks and therefore even on Instagram  Currently, we have many accounts that carry his name that post photos and short video that view him as a star.  But the more relevant presence is that which is due to the many who post and share images on their personal accounts.

Today photos can be distinguished by a hastag, that is, by a word that identifies the content preceded by the character #.  And so, many post with hashtags, even multilingual:  #PopeFrancis #PapaFrancesco #PapaFrancisco #PapstFranziskus #PapeFrancois #ПапаФранциск#PapaFranciscus #PapiezFranciszek #FranciskusPåve #PapaFrancesc#PausFranciscus #교황프란치스코 #PausFransiskus.  So just do a search for a hashtag, one or all, and see how the Pope is by now present on Instagram.

And we can add something: precisely the images shot by the faithful relate this Pope in all his pastoral and symbolic strength. The images that portray him at his best even at times are not the ones that come out well for the faithful, “clean” and clear, but those “dirty”, even blurry and moved.  The Pope of the people is related by the people who catch not only the gestures but also the context of the gestures from within.  And in this way, exactly, the Pope is already on Instagram from the first beyond anything official.

The pastoral logic of the selfie on Instagram

But there was a special moment of this process:  when Pope Francis welcomed a group of scouts, boys and girls, who arrived at St Peter’s from the oratory of St Fiorenzo di Fiorenzula d’Arda (Piacenza) August 28, 2013.  One of them drew out of his pocket a telephone and shot a selfie, that is a self-portrait taken with the frontal objective.  He thus photographed himself, his friends and the Pope in the midst of them, and he loaded it on Instagram, exactly.papa-autoscatto-2

It was one of those “dirty” photos and not clear like we mentioned before.  From then on, the social network is populated with young people who have taken a selfie with the Pope.  If politicians and diplomats take a protocol or so-called hand kissing photo, the young people take a selfie.  And the Pope accepts this communicative dynamic. Why?  Because it is pastoral, adapted to whoever he encounters.  The Pope loves to ensure that his conversation partners are not passive receptors of an event.  With a normal photo, the Pope is the protagonist and you document him.  With a selfie you are with the protagonist Pope of that event.  This does not diminish his authoritativeness at all, but the closeness he creates, to the contrary, increase it.114409537-00d259d9-fbf4-4d74-9150-ee237e24c9d5

Then, more than “communicating”, Pope Francis creates “communicative events” in which you feel called to actively participate.  In this sense you are before a reconfiguration of language that poses different accents and new priorities.

Why the photo?

Because the photo speaks.  I do not mean to solely say that it has symbolic value, but primarily it is an object for sharing.  Sharing your own photos is a gesture that allows sharing a piece of lived life.  And today there is no more need for a camera.  All the smartphones, that are iPhone, Android or Windows Phone or even others, are by now equipped with an objective of a certain quality.  Having a smartphone in your pocket means then also having a camera handy.  This technological evolution is giving life to a genuine revolution of the human experience of photography that consists of the fact that today you can photograph in any instant of life.  And the action of photographing has become—at times in a cumbersome way, certainly—part of the experience of an audience or a papal event of any type.2015_01_17_15_10_42

The “camera” is obsolete as an object, or better yet is reserved to the click buffs.  The professionals and especially the reporters who practice the so-called “phonographia” are multiplying, as a matter of fact.  The characteristics of this photographic experience is in the fact that the shot is only the first moment.  The second moment that follows this is the post-production, that is the elaboration of the photo thanks to numerous applications that allow modification even to applying filters: it is an action that allows elaborating an image to adapt it to one’s own view.  The third moment consists in sharing: any elaborate shot can always be shared on social networks.

Therefore: shot, elaboration and sharing.  Pope Francis enters into this ordinary dynamic of communication at the social time.

In the last years, specific social networks for photo sharing are even born.  The best known of them is Instagram, precisely.  But others are also born each with some special features such as Streamzoo, Pixir-o-matic, Hipster, PicYou, and others.

Photography is a democratic gesture

Then, photography becomes a “democratic” gesture and open to sharing.  The logic of the social network, married with that of the shot, has transformed photography from “memory” to “experience”.  They shoot the picture to “see” better what you see and to share the experience that you are having at the moment with your friends  The  snapshots become pieces of a “lifestreaming” narrative.  Sharing live photographs develops a flow of images that is not thought of as being archived, indexed, memorized.  The photos overlap, are replaced, gradually as they are posted in succession.  More than the creation of memory, then, it is to shape the experience and share it.  And here we find a genuine monogram for the pontificate: the realism of the experience and the strength and warmth of the sharing.

elezione-papa-2005-2013The presence of the Pope on Instagram was already guaranteed by the News.va official account.  Now his personal presence offers another level, higher and more visible, of the “identity” that will be able to allow extending the physical “piazza” to that digital.

How will it change the way to talk about the faith in the time of the symbolic and shared snapshots?

But here’s a broader and more general question raised by the Pope’s presence on Instagram:  How will the way of talking about the faith change in the time of symbolic and shared snapshots?  We don’t know and we are certainly living it:  the faith is expressed and shared thanks even to the photo.  This is why Pope Francis “lands” on Instagram.  Because in this flow of images you can discern a “desiderium naturale videndi Deum” (the natural desire to see God).  There are various experiments in this regard by the interesting names such as “Framing God in all things” or “Picturing God”.

theologyNot only: #theology has even become a hashtag used enough on Instagram.  The expansion of symbolic expression certainly will have an impact even on our capacity to talk about the faith in the culture of the digital.

It is an interesting path for groups and communities to tread: which images to talk about the faith?  Which hashtags, that is key-words to use?  The Church has a long tradition of visual catechesis in times in which literacy was limited.  And this tradition can tell a lot to people of today in the search of images to express their desire for a full life, as well as transcendence.

 

Perché Papa Francesco “sbarca” su Instagram?

Papa Francesco è su Instagram dal 13 marzo 2013

Papa Francesco «sbarca» su Instagram sabato 19 marzo 2016. In realtà è da capire subito una cosa: Papa Francesco è già su Instagram. Nel senso che lo è da quando si è affacciato per la prima volta dalla loggia delle benedizioni, subito dopo la sua elezione. Dobbiamo infatti comprendere che non siamo sui social network solo quando apriamo un account personale (o istituzionale), ma da quando gli altri parlano di noi e condividono nostre parole o la nostra presenza nei loro network sociali.

downloadDa quando Papa Francesco si è affacciato dalla loggia delle benedizioni sono state scattate foto con cellulari e tablet che sono subito finite sui social e dunque anche su Instagram. Attualmente abbiamo molti account che portano il suo nome che postano foto e brevi video che lo vedono protagonista. Ma la presenza più rilevante è quella che si deve ai tanti che postano e condividono immagini sui loro account personali.

Ogni foto può essere contraddistinta da un hashtag, cioè da una parola che ne identifica il contenuto preceduto dal carattere #. E così molti postano immagini con hashtags, persino plurilingue #PopeFrancis #PapaFrancesco #PapaFrancisco #PapstFranziskus #PapeFrancois #ПапаФранциск #PapaFranciscus #PapiezFranciszek #FranciskusPåve #PapaFrancesc #PausFranciscus #교황프란치스코 #PausFransiskus Dunque basta fare una ricerca per hashtag, uno o tutti, e vedere come il Papa sia da tempo presente su Instagram.

E possiamo aggiungere una cosa: proprio le immagini scattate dai fedeli raccontano questo Papa in tutta la sua forza pastorale e simbolica. Le immagini che lo ritraggono al meglio addirittura a volte non sono quelle che ai fedeli sono venute bene, «pulite» e nitide, ma quelle «sporche», persino sfocate e mosse. Il Papa del popolo viene raccontato dal popolo che coglie non solo i gesti ma anche il contesto dei gesti dal di dentro. E in questo modo, appunto, il Papa è già in Instagram dall’inizio al di là di ogni ufficialità.

La logica pastorale del selfie su Instagram

Ma c’è stato un momento speciale di questa presenza: quando Papa Francesco ha accolto un gruppo di scout, ragazze e ragazzi, arrivati a San Pietro dall’oratorio di S. Fiorenzo di Fiorenzuola d’Arda (Piacenza) il 28 agosto 2013. Uno di loro ha tirato fuori dalla tasca un telefonino e ha scattato un selfie, cioè un autoritratto con l’obiettivo frontale. Ha fotografato così se stesso, gli amici e il Papa in mezzo a loro, e lo ha caricato su Instagram, appunto.papa-autoscatto-2

Si tratta di una di quelle foto «sporche» e non nitide di cui parlavo prima. Da quel momento il social network si è popolato di giovani che fanno selfie col Papa. Se politici e diplomatici fanno foto protocollari o dei cosiddetti baciamano, i giovani fanno i selfie. E il Papa accetta questa dinamica comunicativa. Perché? Perché è pastorale, adatta a chi incontra. Il Papa ama far sì che i suoi interlocutori non siano passivi recettori di un evento, ma siano dentro l’evento comunicativo. Con una foto normale il Papa è protagonista e tu lo documenti. Con un selfie tu sei con il Papa protagonista di quell’evento. Questo non diminuisce affatto la sua autorevolezza, ma la vicinanza che crea, al contrario, la aumenta. 065314692-c51282fe-2c2d-4000-a3da-0eaf4823ee24

Dunque, più che «comunicare», Papa Francesco crea «eventi comunicativi», ai quali si ci sente richiamati a partecipare attivamente. In questo senso si è dinanzi a una riconfigurazione del linguaggio che pone accenti differenti e priorità nuove.

Perché le foto?

Perché la foto parla. Non intendo dire solamente che ha valore simbolico, ma innanzitutto è oggetto di condivisione. Condividere una propria foto è un gesto che permette di condividere un pezzo di vita vissuta. E oggi non c’è più bisogno di una macchina fotografica. Tutti gli smartphone, che siano iPhone, Android o Windows Phone o altro ancora, sono ormai dotati di un obiettivo di una certa qualità. Avere uno smartphone in tasca significa dunque anche avere sempre a portata di mano una macchina fotografica. Questa evoluzione tecnologica sta dando vita a una vera e propria rivoluzione della esperienza umana della fotografia che consiste nel fatto che oggi si può fotografare in qualunque istante della vita. E il gesto del fotografare è diventato — a volte in maniera ingombrante, certo— parte dell’esperienza di una udienza o un evento papale di qualunque genere.2015_01_17_15_10_42

La «macchina fotografica» è obsoleta come oggetto, o meglio è riservata a cultori del click. Si vanno moltiplicando, anzi, i professionisti, e specialmente i reporter, che praticano la cosiddetta «phonografia». La caratteristica di questa pratica fotografica consiste nel fatto che lo scatto ne è solamente il primo momento. A questo, infatti fa seguito il secondo momento, cioè la post-produzione, cioè l’elaborazione della foto grazie a numerose applicazioni che ne permettono la modifica anche applicando filtri: è un gesto che permette di elaborare un’immagine per adeguarla alla propria visione. Il terzo momento consiste nella condivisione: ogni scatto elaborato può sempre essere condiviso sui social networks. 
Dunque: scatto, elaborazione e condivisione.
Papa Francesco entra in questa dinamica ordinaria della comunicazione al tempo dei social.

Negli ultimi anni sono nati anche dei social networks specifici di condivisione di foto. Il più noto di essi è Instagram, appunto. Ma ne sono nati anche altri, ciascuno con qualche puculiarità quali Streamzoo, Pixlr-o-matic, Hipster, PicYou, e altri.

La fotografia è un gesto democratico

Dunque la fotografia è diventata un gesto «democratico» e aperto alla condivisione. La logica del social network, sposandosi con quella dello scatto ha così trasformato la fotografia da «memoria» a «esperienza». Si scattano foto per «vedere» meglio ciò che si vede e per condividere l’esperienza che si sta facendo sul momento con gli amici. Le «istantanee» diventano i pezzi di una narrazione «lifestreaming». La condivisione in diretta delle fotografie sviluppa un flusso di immagini che non è pensato per essere archiviato, indicizzato, memorizzato. Le foto si accavallano, si sostituiscono, man mano che vengono postate in successione. Più che creazione di memoria, dunque, si tratta di plasmare l’esperienza e di condividerla. E qui troviamo una vera e propria cifra del pontificato: il realismo dell’esperienza e la forza e il calore della condivisione.elezione-papa-2005-2013

La presenza del Papa su Instagram era già garantita dall’account ufficiale News.vaAdesso la sua presenza personale offre un altro livello, più alto e visibile, di «identità» che potrà permettere di estendere la «piazza» fisica a quella digitale.

Come cambierà il modo di dire la fede al tempo delle istantanee simboliche e condivise?

Ma ecco una domanda più ampia e generale sollevata dalla presenza del Papa su Instagram: Come cambierà il modo di dire la fede al tempo delle istantanee simboliche e condivise? Non lo sappiamo, ma certo lo stiamo vivendo: la fede si esprime e si condivide grazie anche alle foto. Per questo Papa Francesco «sbarca» su Instagram.  Perché in questo flusso di immagini si può discernere un «desiderium naturale videndi Deum». Ci sono vari esperimenti a questo proposito dai nomi interessanti quali «Framing God in all things»  o «Picturing God».

theologyNon solo: #theology è diventato anche un hashtag abbastanza usato su Instagram. Il potenziamento dell’espressione simbolica certamente avrà un impatto anche sulla nostra capacità di dire la fede nella cultura della digitale.

E’ una strada interessante da percorrere anche per gruppi e comunità: quali le immagini per dire la fede? Quali gli hashtag, cioè le parole-chiave, da usare? La Chiesa ha una lunga tradizione di catechesi visiva in tempi in cui l’alfabetizzazione era limitata. E questa tradizione può dire molto all’uomo d’oggi alla ricerca di immagini per esprimere il proprio desiderio di una vita piena, oltre che di trascendenza.

«L’amore prima del mondo». Papa Francesco risponde ai bambini del mondo

BergoglioMONDO300dpiCon il volume L’amore prima del mondo, pubblicato in Italia da Rizzoli (in inglese: Dear Pope Francis, Loyola Press) per la prima volta il Pontefice inaugura un dialogo diretto con i bambini di tutto il mondo in forma di libro, rispondendo con parole semplici e intime.

Come un padre che accoglie le loro domande, Francesco ha confidato ai più piccoli la sua riflessione sulla vita e sulla fede.

La storia del libro

L’idea de L’amore prima del mondo (Dear Pope Francis, nell’edizione inglese) è della Loyola Press, editrice statunitense legata alla Compagnia di Gesù. Tanti sono gli editori che lo hanno pubblicato nel mondo. In Italia esce per Rizzoli.

I responsabili della Loyola mi fecero parte della loro idea, che trovai subito molto interessante. Così lo scorso maggio ebbi modo di parlarne al Papa, il quale subito rispose di sì a questo progetto, e con gioia.
Si mise in moto, quindi, il processo che ha coinvolto 31 gesuiti e collaboratori sparsi in tutto il mondo, i quali hanno coperto 26 Paesi di tutti i continenti, tranne l’Antartide. Tra di essi la Cina continentale, la Russia, la Siria, il Kenya e tanti altri: centri urbani, campi profughi, ma anche campagne sperdute.Dear Pope Francis: Children of the World Bring Their Questions to Rome - The IN Network
Sono stati coinvolti ragazzi e ragazze tra i 6 e i 13 anni. In alcuni casi sono stati spediti colori e pennarelli, perché in alcuni Paesi questi materiali non erano a disposizione con facilità.

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Le spedizioni hanno coperto 270.000 chilometri nel mondo. Sono arrivate al Papa 31 delle 269 lettere giunte alla redazione della Loyola Press a Chicago, e questo grazie alla selezione compiuta da genitori, nonni, catechisti e anche da altri bambini che sono stati coinvolti.
Il 5 agosto 2015 il Papa mi ha dato appuntamento per leggere le lettere e dare le risposte. Gli ho consegnato domande e disegni.
Lui si è mostrato subito incuriosito, le ha sfogliate, le ha lette, esclamando: «Ma sono difficili, queste domande!». Le avevo lette, e davvero le avevo trovate anch’io difficili. Le domande dei bambini sono senza filtri, senza fronzoli, senza vie di fuga. Sono domande dirette, brusche, chiare. Non ci si può rifugiare nella penombra dei concetti troppo astratti o nei ragionamenti cavillosi. Sono anche domande molto concrete.

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L’ho subito capito: il Papa avrebbe voluto davanti a sé quei bambini. Il Papa ama guardare in faccia le persone che gli pongono le domande. L’ho verificato tante volte. In quel momento però aveva davanti me, che non ho certo il volto da bambino… Così ogni tanto ha voluto guardare nel vuoto e si è rivolto a un bambino che cercava di immaginare. Ha risposto guardando non me, ma una ipotetica immagine di quei bambini. Ho visto nel suo sguardo cura, simpatia. Sapevo che nel suo cuore stava rispondendo a loro. Si sforzava di immaginarli. Li avrebbe voluti lì con sé.
Io stesso mi sono identificato ogni tanto con loro, dicendogli che questa era una domanda che io avevo posto a mia madre. In un’occasione ho esclamato: «Ma com’è possibile? Non mi dica!». Insomma ho interagito con il Papa che interagiva nel suo cuore con il bambino o la bambina che gli aveva posto la domanda. Una situazione davvero curiosa, ma molto bella.

Il Papa ha guardato intensamente i disegni. Rispondendo o dopo aver risposto, li ha commentati, li ha interpretati: sono parte delle domande, del resto. Ho notato che, con la sua finezza spirituale, a volte coglieva il senso di una domanda più dalle immagini che dalle parole che gli leggevo.
Abbiamo trascorso così oltre un’ora e mezza senza interruzione, di seguito. Lui seduto sul divano e io su una poltrona, mentre l’immaginazione non poteva fare a meno di viaggiare per Canada, Brasile, Siria, Cina, Argentina, Albania… i luoghi dove questi bambini vivono: bei giardini o campi profughi. Lo capiamo dai disegni.
Il Papa mi ha detto chiaramente quello che avevo percepito: «È bello rispondere alle domande dei bambini, ma li dovrei avere qui con me, tutti! Lo so che sarebbe bellissimo. Ma so anche che questo libro di risposte andrà in mano a tanti bambini in tutto il mondo che parlano lingue differenti. E di questo sono felice».

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Papa Francesco tempo fa, in un suo discorso ai superiori generali degli Ordini religiosi, aveva detto: «Mi viene in mente quando Paolo VI ricevette la lettera di un bambino con molti disegni. Disse che su un tavolo dove arrivano solo lettere con problemi, l’arrivo di una lettera così gli fece tanto bene. La tenerezza ci fa bene».

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Chi sono i bambini, per Papa Francesco?

Il Papa non ha bisogno di «dire» chi per lui sono i bambini, perché il suo rapporto con loro lo si vede con chiarezza dal suo modo di fare, dai suoi gesti. Non sono rare le occasioni nelle quali ha avuto modo di parlare con loro, anche rispondendo alle loro domande.
L’udienza generale in piazza San Pietro del 18 marzo 2015 è stata una delle poche occasioni in cui Francesco ha parlato diffusamente dei bambini come tema del suo discorso. E in tale occasione ha detto: «Dio non ha difficoltà a farsi capire dai bambini, e i bambini non hanno problemi a capire Dio».03115_22022016
I bambini poi portano all’umanità tante ricchezze. Innanzitutto «portano il loro modo di vedere la realtà, con uno sguardo fiducioso e puro», «non ancora inquinato dalla malizia, dalle doppiezze, dalle “incrostazioni” della vita che induriscono il cuore», nonostante i loro egoismi, che pure hanno. Ma certo i bambini non sono «diplomatici: dicono quello che sentono, dicono quello che vedono, direttamente. E tante volte mettono in difficoltà i genitori, dicendo davanti alle altre persone: “Questo non mi piace perché è brutto”. Ma i bambini dicono quello che vedono, non sono persone doppie, non hanno ancora imparato quella scienza della doppiezza che noi adulti purtroppo abbiamo imparato».AlessioePapa

Un libro per tutti

Le risposte di Papa Francesco sono sintonizzate sulla freschezza infantile. E sappiamo che quando il Papa parla agli adulti, i bambini non ascoltano, ma quando parla ai bambini, ascoltano anche gli adulti. Francesco si lascia interrogare profondamente e offre risposte che anche il lettore adulto non farà fatica a comprendere quanto riguardino la vita della Chiesa oggi. Il Pontefice sa infatti che è stato lo stesso Gesù a invitare i suoi discepoli a «diventare come i bambini», perché «a chi è come loro appartiene il Regno di Dio» (Mt 18,3; Mc 10,14).
Cogliendo il valore de L’amore prima del mondo, il cardinal Tagle ha affermato in una intervista che « Questo libro cambia anche le false forme di “saggezza” o di “autosufficienza” che causano molti conflitti e sofferenza nel nostro mondo. […]. Se ascoltiamo i bambini, riscopriremo ciò che conta veramente nella vita».

 

La comunicazione non scomunica. 5 punti del MESSAGGIO di #PapaFrancesco per la 50a Giornata Mondiale delle COMUNICAZIONI

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Col suo Messaggio per la 50° Giornata Mondiale delle Comunicazioni Sociali Papa Francesco ha voluto connettere il tema della «Comunicazione» a quello della «Misericordia». L’accostamento non è scontato. Che cosa significare comunicare in maniera misericordiosa? Come si fa a comunicare la misericordia?

Segnalo di seguito  5 punti a mio avviso centrali nel Messaggio del Papa.

1) La comunicazione è «credibile» se è «affidabile»

L’assunto di base di questo Messaggio è che tutto ciò che facciamo è comunicazione. L’amore è comunicazione: quando è vero amore non può isolarsi. Se fosse isolato, sarebbe una forma spiritualista di egoismo. Dunque proprio nel modo in cui cerchiamo di vivere con tutto il nostro essere ciò che stiamo comunicando, contribuiremo a restituire credibilità alla comunicazione umana. Questo è il senso dell’incipit del Messaggio. La comunicazione è «credibile» non solo se oggettivamente corrisponde al vero ma se è «affidabile», cioè è espressione di una relazione di fiducia, di un impegno del comunicatore a vivere bene la sua relazione con chi ascolta o chi partecipa all’evento comunicativo.

2)    La comunicazione della Chiesa non è «esclusiva»

Francesco comincia subito a parlare della comunicazione ecclesiale. E dice che essa deve essere inclusiva, da Madre, capace di «toccare i cuori delle persone e sostenerle nel cammino». Dobbiamo comunicare da figli di Dio con altri figli di Dio, senza distinzione di credo, idea, visione del mondo. Dobbiamo dunque arrestare il processo di svilimento delle parole, il nominalismo della nostra cultura. La gente è stanca di parole senza peso proprio, che non si fanno carne, che nella nostra predicazione fanno sì che Cristo non si manifesti più come persona, bensì come idea, concetto, astratta teoria dottrinale. Si restituisca alla parola — specialmente a quella della predicazione — la sua «scintilla» che la rende viva e che dà calore e odore umano alle parole della fede.

3) La comunicazione non scomunica

«La comunicazione ha il potere di creare ponti, di favorire l’incontro e l’inclusione, arricchendo così la società», scrive il Papa. E «Le parole possono gettare ponti tra le persone, le famiglie, i gruppi sociali, i popoli». Persino quando «deve condannare con fermezza il male, cerca di non spezzare mai la relazione e la comunicazione». La comunicazione, proprio perché stimola la creatività, deve sempre creare ponti, favorire l’accessibilità, arricchire la società. Dovremmo gioire del potere di parole e azioni scelte con cura per superare le incomprensioni, sanare i ricordi e costruire pace e armonia. Le parole costruiscono ponti, sono «pontefici» tra le persone. E questo dovunque: sia nell’ambiente fisico sia in quello digitale. Parole e azioni devono aiutarci a fuggire dal circolo vizioso della condanna e della vendetta che continua ad intrappolare gli individui, le persone e le nazioni, e che poi si esprime con messaggi di odio.
La parola del cristiano, in particolare, deve tendere alla comunione e dunque a togliere di mezzo l’atteggiamento di «scomunica». Ricordiamo che «la memoria delle mutue sentenze di scomunica, insieme con le parole offensive e i rimproveri immotivati per molti secoli ha rappresentato un ostacolo al ravvicinamento» anche tra cristiani. «La logica dell’antagonismo, della diffidenza e dell’ostilità, simboleggiata dalle scomuniche reciproche» deve essere «sostituita dalla logica dell’amore e della fratellanza», aveva scritto Papa Francesco nel suo Messaggio a Sua Santità Bartolomeo I, Patriarca Ecumenico, per la festa di sant’Andrea, 2015.
Per non spezzare la comunione è importante saper ascoltare, cioè «essere capaci di condividere domande e dubbi, di percorrere un cammino fianco a fianco, di affrancarsi da qualsiasi presunzione di onnipotenza e mettere umilmente le proprie capacità e i propri doni al servizio del bene comune».

4)    La misericordia è politica

«Vorrei, dunque, invitare tutte le persone di buona volontà a riscoprire il potere della misericordia di sanare le relazioni lacerate e di riportare la pace e l’armonia», scrive Papa Francesco, sottolineando che «questo vale anche per i rapporti tra i popoli». Dunque «è auspicabile che anche il linguaggio della politica e della diplomazia si lasci ispirare dalla misericordia, che nulla dà mai per perduto». Ecco il senso della «diplomazia della misericordia» per Francesco: non considerare mai nulla perduto nella relazione tra popoli e nazioni. A questo deve servire la comunicazione politica, dunque.
Il Papa invita coloro che sono intrappolati in vecchie ostilità ad intraprendere il cammino della misericordia; di riconoscere le proprie responsabilità, e di chiedere perdono e mostrare misericordia verso coloro che gli hanno fatto del male. Andiamo al di là della distinzione tra «vittime» e «carnefici».
Ma dobbiamo superare anche un’altra logica: quella che contrappone «vincitori» e «vinti». Viviamo in un mondo dove siamo abituati a dover provare quanto valiamo, a dover guadagnarci il rispetto e l’ammirazione degli altri. Spesso tale riconoscimento è riservato a coloro che hanno raggiunto il successo attraverso il benessere, il potere e la fama. Come risultato, possiamo notare un divario crescente tra coloro che sono visti come vincitori e coloro che sono giudicati perdenti. Nella società le persone competono per imporre il proprio valore e dignità, e chi sta in alto vuole tenere gli altri in basso. Tale visione indebolisce la dignità delle persone e, in particolare, ha come risultato che coloro che hanno fallito o che sono giudicati non all’altezza delle aspettative, vengono marginalizzati e rifiutati. Il nostro modo di comunicare non deve dunque esprimere mai l’orgoglio superbo del trionfo su un nemico, né umiliare coloro che sono scartati, che sono considerati «perdenti» e sono abbandonati. La misericordia può aiutare a mitigare le avversità della vita e offrire calore a coloro che hanno conosciuto solo la freddezza del giudizio. Un uomo può guardare un altro uomo dall’alto in basso solamente per aiutarlo a sollevarsi.
Infine — leggiamo — «lo stile della nostra comunicazione sia tale da superare la logica che separa nettamente i peccatori dai giusti. Noi possiamo e dobbiamo giudicare situazioni di peccato – violenza, corruzione, sfruttamento, ecc. – ma non possiamo giudicare le persone, perché solo Dio può leggere in profondità nel loro cuore». Infatti «parole e gesti duri o moralistici corrono il rischio di alienare ulteriormente coloro che vorremmo condurre alla conversione e alla libertà, rafforzando il loro senso di diniego e di difesa».

5) La rete costruisce cittadinanza

Se la comunicazione ha una rilevanza politica, essa ha anche un peso sempre più forte nel sentirsi cittadini, nel costruire la cittadinanza. Riconoscendo la rete come luogo di una «comunicazione pienamente umana», il Papa afferma che «anche in rete si costruisce una vera cittadinanza. L’accesso alle reti digitali comporta una responsabilità per l’altro, che non vediamo ma è reale, ha la sua dignità che va rispettata. La rete può essere ben utilizzata per far crescere una società sana e aperta alla condivisione».
Il «potere della comunicazione» è la «prossimità». La prossimità innesca una tensione bipolare di avvicinamento e allontanamento e, al suo interno, presenta un’opposizione qualitativa: avvicinarsi bene e avvicinarsi male. Ecco il compito di chi oggi è impegnato nella comunicazione: «In un mondo diviso, frammentato, polarizzato, comunicare con misericordia significa contribuire alla buona, libera e solidale prossimità tra i figli di Dio e fratelli in umanità».

Il viaggio di Papa Francesco in America Latina e l’ecumenismo. Il messaggio del Metropolita Tarasios

IlFullSizeRender viaggio di Papa Francesco in America Latina ha avuto anche un significato ecumenico, grazie alla presenza lunga tutta la sua durata, di Sua Eminenza Monsignor Tarasios, Arcivescovo metropolitano di Buenos Aires ed Esarca dell’America del Sud. Mons. Tarasios conosce Papa Francesco da molti anni e con lui era solito incontrarsi e discutere di temi e problemi pastorali.

Alla fine della celebrazione eucaristica a Campo Grande de Ňu Gauzú in Paraguay mons. Tarasios ha rivolto a Papa Francesco le parole che qui riproduciamo.

Notiamo come mons. Tarasios offre il suo benvenuto anche a nome del Patriarca Bartolomeo, rappresentando la Chiesa Ortodossa. Si esprimono cordialmente sentimenti di gratitudine e si manifesta la gioia di testimoniare insieme che il vero amore e la vera fraternità tra le Chiese non si limitano a una mera scolastica o a un corretto rapporto diplomatico, ma una esperienza di vita fondata sul Vangelo. Il Metropolita definisce il Papa “Santità e Fratello Maggiore”. La sua visita è colta come occasione di incontro, di allegria e di impegno. Si esprime infine la consapevolezza che l’elezione dell’arcivescovo di Buenos Aires al Pontificato potrà contribuire a far considerare l’America Latina come un grande tesoro per l’umanità.

Ecco di seguito il testo dell’indirizzo di saluto.
Antonio Spadaro SJ

OSSROM60665_LancioGrandeSu Santidad
El Papa Francisco
Que la Gracia y la  Sacra Ternura de Nuestro Señor sean con Ud.

Tengo el honor en mi cargo de Arzobispo Metropolitano de Buenos Aires y Exarca de Sudamérica de dar a Su Santidad la bienvenida por parte de Su Santidad el Patriarca Ecuménico y querido hermano en Cristo Bartolomé.

Desde el fondo de mi corazón y de mi alma deseo expresarle mi más profunda gratitud por el privilegio de haberme recibido durante los días de Su visita pastoral en Ecuador, Bolivia y Paraguay. Creo que esta visita es histórica y es por ello que le expresé mi deseo de poder estar presente durante la misma, representando a la Iglesia Ortodoxa, al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla y a nuestra jurisdicción sudamericana.

Su pronta respuesta a mi misiva me llenó de alegría. Hoy esa alegría se ha completado mientras hemos estado juntos una vez más dando testimonio de que el verdadero amor y la fraternidad entre las iglesias no se limitan a una mera escolástica interreligiosa o a un correcto protocolo diplomático o a un ameno discurrir ecuménico, sino que es una vivencia real, pura y salvífica basada en el mandamiento del Señor.

Santidad y Hermano Mayor,

me tomo el atrevimiento de llamarlo así, tal como lo hacía en Buenos Aires con respeto y amor. Hemos compartido muchos años en Buenos Aires, en donde aprendí de Ud. a ser un buen obispo y pastor, y ahora la Divina Providencia nos junta una vez más en estas tierras sudamericanas, cuya realidad ha sido motivo de diálogo, preocupación y desvelo para ambos. Hoy, sin embargo, es motivo de encuentro, de alegría, de compromiso, el compromiso de seguir velando, cada uno desde su posición en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica, por el crecimiento en el Espíritu de los habitantes de estas bienamadas tierras que, a pesar de todo, han sido bendecidas por Dios con un fervor y una fe tan amplias como sus dimensiones geográficas.

Gracias Santo Padre por haber estado entre nosotros, en este viaje; gracias por Su estadía como obispo de Buenos Aires; gracias por dar al mundo ese acento sudamericano, por dar testimonio de que el por algunos llamado “tercer mundo” también tiene para ofrecer un gran tesoro para la humanidad.

En Ecuador, Bolivia y Paraguay, 6-12 de Julio de 2015 — y ojalá pronto en Argentina — durante la visita apostólica de Su Santidad, permanezco con cariño filial y fraternal,

Su ferviente suplicante ante Dios,

† Tarasios